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¡Un pasaje con todo incluido!

Esta historia es muy antigua, así que seguro ya la has escuchado con anterioridad en alguna de sus versiones.

Es la historia de un joven inmigrante pobre que ahorró durante años y, al fin, tuvo suficiente dinero para comprarse un pasaje a los Estados Unidos. Como apenas le alcanzaba para pagar el pasaje, se conformó con usar lo que le sobró para comprar una caja de galletas saladas y un poco de queso para comer durante el viaje.

Cada día, durante la travesía, veía cómo otros pasajeros llenaban el comedor del barco, disfrutando de comidas suntuosas, mientras él se sentaba solo a comer su escasa ración de queso y galletas. Cerca del final del viaje, un camarero detuvo al hombre y le dijo: “Señor, me he dado cuenta que no ha comido con nosotros en todo el viaje. ¿Le parece ofensivo nuestro servicio? ¿La comida no te satisface?”

“Oh, no, no me ofende”, respondió el joven. “Es que solo tenía dinero para mi boleto. No me quedó suficiente para pagar las comidas.”

Sorprendido, el camarero le respondió: “Señor, ¿no sabía que las comidas estaban incluidas en su pasaje?”

“Las comidas estaban incluidas en su pasaje”.

Imagina cómo se debe haber sentido el joven viajero al enterarse de lo que se había perdido, solo porque no sabía lo que ya le pertenecía. Y tú, ¿cómo te hubieras sentido?

La historia es una imagen sencilla de lo que significa tener algo, pero no saber lo que tienes. Para el creyente, el mensaje se trata de la herencia que muchos no se dan cuenta de que ya es suya.

El pasaje representa nuestra redención a través de Jesús. Fue comprado al precio más alto posible: la sangre del Hijo de Dios. Cuando Jesús declaró: «Consumado es», no nos compró un asiento en el barco y nos dejó librados a nuestra suerte. Él nos aseguró todo lo necesario para nuestro viaje espiritual —incluyendo nuestro perdón, paz, sabiduría, fortaleza, propósito, gracia y provisión.

Estos no son extras reservados para unos pocos elegidos. Están incluidos en la obra consumada de Cristo. Sin embargo, muchos cristianos pasan su vida alimentándose de galletas saladas y queso espirituales; sobreviviendo con la fe justa para salir adelante, sin llegar a descubrir nunca la vida abundante que Jesús vino a darnos a todos (Juan 10:10). Viven por debajo de los privilegios de su Pacto porque no entienden del todo quiénes son en Cristo.

Aunque llegó demasiado tarde, esa revelación fue el punto de inflexión para el joven viajero. Nada cambió en su boleto. No tuvo que comprar nada nuevo. El cambio se produjo en su comprensión; al descubrir que las comidas siempre habían estado disponibles —¡ya estaban pagadas!

Cuando realmente descubres que eres hijo de Dios y heredero de Su reino, dejas de pensar como alguien que apenas tiene lo suficiente para salir adelante. Empiezas a vivir con la confianza de que Cristo ya te ha dado todo lo necesario para cumplir el propósito de Dios para tu vida.

Esa es la revelación de nuestra herencia.

No pases tu vida afuera del salón de banquetes, comiendo galletas saladas y queso espirituales, cuando Cristo ya te ha preparado un banquete… ¡en la mesa del Padre!

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