¡Las cosas no son SIEMPRE “así”!
Mientras me preparaba para escribir esta carta, se me ocurrieron dos preguntas. La primera fue: ¿Qué busca la gente en la vida? Y la segunda: ¿Qué es lo que la gente espera?”
En un mundo tan lleno de desgracias, confusión e incertidumbre, creo que la mayoría de la gente busca un rayo de esperanza: algo que les asegure que, al final, todo va a salir bien. Esperan algo que les quite de la cabeza lo negativo, los llene de alegría y paz, y los ayude a olvidar toda la oscuridad y el vacío que hay en el mundo.
Se preguntan: ¿Podremos alguna vez tener la esperanza de que las cosas cambiarán para mejor?
¡La respuesta es un rotundo “sí”! Hay esperanza, y viene a través de Jesús: el único que tiene el poder de cambiar las cosas. Solo Él tiene la capacidad de convertir nuestra oscuridad en luz, nuestro quebrantamiento en plenitud, nuestra desesperación en esperanza. Desafortunadamente, hay muchos que no están de acuerdo. Tienen una visión tan negativa de la vida que están dispuestos a aceptar lo que sea que se les presente. Su actitud es simplemente: ¡Así son las cosas!
¿Mi respuesta? No, “las cosas no siempre son así”. La gente que se expresa de esa manera por lo general no tiene esperanza. No están dispuestos a creer que las cosas puedan cambiar, así que eligen aceptar cualquier cosa que el mundo les lance encima.
La verdad es que Dios siempre tiene algo que decir sobre las situaciones negativas que enfrentamos. En la mayoría de los casos, Él piensa de manera diferente a nosotros. Nuestras malas circunstancias pueden ser una realidad, pero solo seguirán siéndolo si nosotros lo permitimos. La realidad nunca es definitiva. Eso es porque Dios puede cambiar cualquier situación, especialmente aquellas que no se alinean con Su plan y propósito para nuestras vidas.
Si no crees que exista algo llamado esperanza, lee la historia de Abraham. Tenía 75 años cuando Dios le dijo que él y su esposa, Sara, quien tenía casi la misma edad, tendrían un hijo. Tenía 99 años cuando esa promesa se cumplió. Abraham creyó en La Palabra de Dios al pie de la letra, tuvo esperanza cuando no tenía motivos para tenerla, y luego siguió teniendo esperanza.
En lugar de decir “así son las cosas”, intenta mantenerte firme en la Palabra de Dios y en tu fe, y cree que “Serán como Dios dijo que serían”. Si hay algo que has estado esperando, no te detengas. Sigue esperando… y esperando. De ser necesario, espera un poco más. Si está de acuerdo con la voluntad de Dios para ti, Él se encargará de que lo tengas.
¿Necesitas más seguridad? Lee el artículo de Kenneth Copeland de este mes, titulado “Dios no es el problema”, donde nos recuerda nuestra autoridad como creyentes. Él escribe: “La falta de conocimiento es un gran problema entre los cristianos de hoy, y los deja vulnerables a las obras destructivas del diablo. Él puede infligirles las mismas enfermedades y dolencias, las mismas crisis financieras, la misma miseria y los mismos conflictos que está causando al resto del mundo —solo porque no saben que tienen dominio sobre esas cosas a través de su Pacto con Dios”.