¡Déjate llevar por el gozo!
Hace un tiempo, mi esposa, Phyllis, y yo andábamos por la iglesia cuando una niña preciosa corrió hacia nosotros y se aferró a mi pierna. Esta niña nos ama mucho, y es un placer estar con ella. La levanté en brazos y seguimos caminando por la zona de los niños. Una foto de un elefantito colgada en la pared le llamó la atención y, de repente, se echó a reír a carcajadas. “¡Mira, mira, mira!”, dijo, señalando la imagen. “¡Qué tonto! ¡Qué tonto!”
Me quedé mirando fijamente al elefantito de la pared. “Sí que es tonto, ¿no?”. Me empecé a reír junto con ella.
Esa niña y todos los niños pequeños saben hacer algo tan sencillo, algo que tantos adultos malhumorados y gruñones han olvidado. Saben cómo rendirse al gozo.
¿Qué tiene de especial el gozo?
Nehemías 8:10 contiene un pasaje que muchos sabemos de memoria, pero échale un vistazo de nuevo: «El gozo del Señor es nuestra fuerza».
Cuando el Señor pronunció estas palabras a través del profeta Nehemías, los israelitas habían regresado a Jerusalén y se habían reunido para escuchar la lectura del LIBRO de la Ley de Moisés. Al escuchar la perfección de la Ley, se dieron cuenta de lo lejos que estaban de cumplirla y se estaban dejando llevar por la condenación. Empezaron a llorar y a lamentarse, que es la reacción típica de la Iglesia. Como pueblo de Dios, nos han enseñado durante siglos a pensar que, si lloramos y nos lamentamos, es señal de que Dios se ha movido.
Pero el Señor les dijo: «Vayan y coman bien, y tomen un buen vino, pero compartan todo con los que nada tienen. Este día está consagrado a nuestro Señor, así que no estén tristes. El gozo del Señor es nuestra fuerza».
En esencia, Dios dijo: “Levántate y vete de aquí. Deja de lloriquear y de llorar a gritos. Celebra con un banquete de comidas ricas y bebidas dulces, y comparte comida con quienes no tienen nada preparado. Este es un día sagrado ante nuestro Señor. No te desanimes ni te pongas triste”.
¿Por qué tendrían que hacerlo?
Porque el gozo del Señor era su fuerza. Y tengo una noticia para ti: el gozo del Señor es tu fuerza también.
Lo que dice la ciencia
Hace años, leí los hallazgos de un doctor sobre la importancia de la risa. “La risa es una medicina poderosa para el cuerpo y la mente”, dijo. “Es una de las herramientas más poderosas que tienes”.
¿No es lindo cuando la ciencia confirma la Palabra de Dios?
Los estudios médicos demuestran que la risa es un remedio poderoso contra el estrés, el dolor y los conflictos. Trae paz a la mente y al cuerpo de una persona, y fortalece las relaciones. Este doctor continuó diciendo: “Con tanto poder para la sanidad y la renovación, la capacidad de reírte con facilidad y frecuencia es un recurso tremendo para superar problemas, mejorar tus relaciones y apoyar tanto tu salud física como emocional”.
La risa relaja el cuerpo y alivia la tensión física y el estrés hasta por 45 minutos. Fortalece el sistema inmunológico, activa la liberación de endorfinas —las sustancias químicas naturales del cuerpo que te hacen sentir bien— y protege el corazón al mejorar el funcionamiento de los vasos sanguíneos.
Todo esto, simplemente por reírte.
Ahora déjame preguntarte: ¿Es realmente tan descabellado que el gozo del Señor sea tu fuerza física y emocional? Claro que no.
Oye, no estoy hablando de reírte como un tonto. Me refiero a reírte por fe y regocijarte en tu redención. Recuerda, el gozo del Señor está dentro de ti.
Cuando te regocijas y te ríes por fe, accedes a la verdadera alegría y te resistes a ceder ante la depresión y el miedo.
Resistir y ceder
Dos de las cosas más importantes que podemos aprender son a qué debemos ceder y a qué debemos resistirnos. Hay cristianos que ceden ante cosas a las que deberían resistirse, y se resisten a cosas a las que deberían ceder. Millones de cristianos se resisten a las lenguas, a la prosperidad y a la sanidad. Al mismo tiempo, hay millones de cristianos que se rinden ante la depresión, el miedo y la contienda. Cuando sabes a qué debes rendirte y a qué debes resistirte, no tienes que pensarlo. Puedes rendirte o resistirte según la Palabra de Dios y evitar que el diablo tenga cabida en tu vida.
La depresión es una de las armas favoritas del enemigo, y hace todo lo posible por usarla contra los creyentes. Puedes estar en un evento de iglesia lleno de poder, rodeado de creyentes llenos de fe, y llenarte tanto de la Palabra que lo único que puedas hacer sea orar en el espíritu. Luego puedes irte a casa, pasar 30 minutos en conflicto, sentarte y rendirte a la depresión. Es como si alguien hubiera sacado el tapón de la tina. Toda la fuerza y la vida que recibiste en el evento se te escapan, y te sientes tan débil como el agua.
Cuando eso pase —o cuando tu paz y tu alegría se vean amenazadas de cualquier manera—, repite este versículo: “El gozo del Señor es mi fuerza”.
Dilo varias veces. Aviva tu fe mientras te lo repites a ti mismo: “¡El gozo del Señor es mi fuerza!” “¡El gozo del Señor es mi fuerza!” “¡El gozo del Señor es mi fuerza!’
No te rindas ante la depresión, la pesadumbre, el dolor o la autocompasión. Resístelo con cada fibra de tu ser. Tu ministerio, tu matrimonio y tu salud dependen de ello. Entrénate para rendirte rápidamente al Espíritu Santo con alegría y gozo. Parte de hacerlo es ser rápido para rendirte al gozo, rápido para sonreír, rápido para reír y rápido para gritar.
Lo que dice Dios
El tema del gozo puede parecer muy sencillo. Quizá estés leyendo esto y pienses: “Sí, ya conozco ese versículo. Ya lo he oído antes”. Sin embargo, si sigues cediendo a la depresión, a la discordia o al temor, entonces en realidad no lo crees.
En cambio, responde como responde tu Padre celestial. Cuando el diablo saca la artillería pesada, ¿acaso Dios mira desde Su trono y dice: “¡Ay, no! ¡Miguel! ¡Gabriel! ¿Miren eso? ¡Ay, no!”?
¡Por supuesto que no!
En el Salmo 2, Él da Su respuesta: «¿Por qué se rebelan los pueblos? ¿Por qué conspiran las naciones? Los reyes de la tierra hacen alianzas; los caudillos se declaran en contra del Señor y de su Mesías. Y dicen: «¡Vamos a quitarnos sus cadenas! ¡Vamos a librarnos de sus ataduras!» El que reina en los cielos se ríe; el Señor se burla de ellos» (versículos 1-4).
El Todopoderoso ve al diablo en todas sus artimañas retorcidas y sucias. Cuando parece que satanás está a punto de arrollar a la Iglesia y destrozar los planes del Señor, el Señor dice: “¡Ja! ¡Ja! ¡Ja! Nunca aprende”.
Esto es una revelación: Dios se ríe. Dilo en voz alta: “Dios se ríe”. Déjame darte otras escrituras para que medites:
«Los malvados conspiran contra los justos, y rechinan los dientes contra ellos, Pero el Señor se burla de ellos porque sabe que ya viene su hora.» (Salmo 37:12-13).
«Pero tú, SEÑOR, te burlarás de ellos; ¡dejarás en ridículo a todas las naciones!» (Salmo 59:8).
«El SEÑOR está en medio de ti, y te salvará con su poder; por ti se regocijará y se alegrará; por amor guardará silencio, y con cánticos se regocijará por ti» (Sofonías 3:17).
Dios se ríe. Dios se regocija. Dios canta. Cuando lleguemos al cielo, ¿de verdad crees que estaremos en la presencia de Dios, escuchándolo crear las armonías más hermosas y diremos: “Sabes, esto me pone melancólico”? ¡No! ¡Será un gozo indescriptible, lleno de la gloria de Dios!
El mundo no sabe que existe este Dios que se ríe y canta. Lamentablemente, la mayor parte de la Iglesia tampoco lo sabe. Lo que se ha enseñado es el Jesús sufriente, el hombre de dolores. Eso ha eclipsado todo lo demás en la Palabra que se refiere a Él.
Isaías 53:3 se refiere a Jesús como «el hombre más sufrido, el más experimentado en el sufrimiento». Este dolor era más que solo dolor físico. Cada emoción —buena y mala— que tú y yo hayamos experimentado alguna vez, Jesús también la experimentó. Pero fíjate que dice que Él fue «experimentado en el sufrimiento». En otras palabras, Él se enfrentó al dolor. No dice que viviera con él ni que lo convirtiera en su compañero constante.
Ha existido la idea de que, si eres verdaderamente espiritual, entonces eres muy, muy serio. Algunos de los pocos pasajes de las Escrituras que se refieren a esto están en Timoteo y Tito, donde se exhorta a las esposas, a los jóvenes y a otras personas a ser “sobrios” o “serios”. Estas traducciones —o paráfrasis, en realidad— dan una impresión errónea. Al estudiar diccionarios y léxicos, he descubierto que la palabra serio en realidad significa “venerable, honorable, que inspira respeto, impresionante”, y que la palabra sobrio se refiere a no estar ebrio por el alcohol.
La gente ha diseñado teologías enteras en torno a la idea de que, si eres realmente espiritual, eres intenso… porque así es como se imaginan a Dios. Ven a Dios sentado en el trono: un anciano serio con una barba larga y desgreñada y ojos que infunden temor.
Sin embargo, eso no es cierto. Él es maravilloso, ¡Él es amor, paz, bondad, gracia y, sí… gozo!
El Señor me dijo una vez: “Has dejado que esto se te escape”. No solo se refería a mí; hablaba del Cuerpo de Cristo en su conjunto. Hemos dejado que se nos escape nuestro gozo y nuestra risa por fe. Entiende que no tenemos que sentir ganas de reír para reír. No tiene que ser gracioso para que nos riamos. Job 5:22 nos dice que debemos reírnos ante el hambre y la destrucción.
¿Por qué? Porque el gozo del Señor es nuestra fuerza.
Empieza a practicar reír por fe. Quizás no lo hayas hecho desde que eras joven, pero si practicas dejarte llevar, te saldrá de forma natural. Cualquier cosa lo provocará. Verás algo y dirás: “Ja, ja”, igual que mi amiguita con la foto del elefante. Nos quedamos ahí riendo varios minutos, simplemente divirtiéndonos.
Eso es lo que debe hacer el Cuerpo de Cristo: divertirse y regocijarse en nuestra salvación. Se supone que debemos disfrutar de la bondad de Dios. Se supone que debemos estar tan bendecidos y felices que los pecadores nos vean y digan: “¡Yo quiero eso! Quiero ese tipo de cristianismo”. ¡Gloria a Dios! V