Skip to content

Nacidos para Ganar

En la actualidad, no es difícil entender por qué la Biblia les advierte a los creyentes que no se conformen a este mundo. Solo debes mirar a tu alrededor y descubrirás que ¡el mundo está patas arriba!

En realidad, a veces es difícil procesar cuán alterado está todo. Solo basta con estudiar lo que la gente hace y las cosas ridículas que se les ocurren para tratar de resolver los problemas sociales. Me pregunto: ¿Qué les pasa?¿Cómo es posible que alguien piense y actúe así?

Luego, por supuesto, recuerdo que están en la oscuridad.

Sus mentes han sido cegadas por el dios de este mundo: el diablo (2 Corintios 4:4). El sistema del mundo y todo lo que hay en él está bajo su dominio. Lo que se acepta como verdad viene de él, y él es el padre de la mentira.

¡A eso le llamo confusión! No es de extrañar que no haya claridad: está bajo la influencia del engañador supremo.

Sin embargo, como creyente, no tienes que rendirte ante tal influencia. No tienes que vivir como lo hace el mundo, en la oscuridad, bajo el pulgar del diablo. Puedes caminar en la luz y vivir en este planeta como más que vencedor. A través de Jesucristo, puedes reinar como un rey en la vida.

«Porque todo lo que es nacido de Dios, vence al mundo; y esta es la victoria que vence al mundo, nuestra fe» (1 Juan 5:4, Biblia Amplificada, Edición Clásica).

 Podrías decir: “Bueno, últimamente no me siento un ganador.”

¿Naciste de Dios?

Si la respuesta es afirmativa, entonces ese versículo se refiere a ti. ¡Eres victorioso sobre el mundo!

La palabra victorioso significa “haber vencido en batalla o contienda; haber vencido a un enemigo o antagonista; conquistador; vencer como general victorioso y tropas victoriosas”. Esa es una descripción precisa de la identidad del creyente. Eres una de las tropas victoriosas de tu General victorioso, el Señor Jesucristo.

Él conquistó por completo al diablo, el mundo y la carne; y cuando pones tu fe en Él, heredas Su victoria. Naciste de nuevo a Su imagen, te uniste a Él e instantáneamente te convertiste en un vencedor. Puede que no hayas sabido de inmediato cómo caminar en victoria, pero cada uno de sus ingredientes ya nacieron en ti.

Fue lo mismo cuando naciste físicamente; potencialmente podías caminar, pero no comenzaste a hacerlo de inmediato. Te tocó crecer y aprender a usar esa habilidad innata. De la misma manera, espiritualmente naciste todo un vencedor con la naturaleza victoriosa y el dominio de Dios en tu interior. Pero, para operar en ese dominio, debes aprender algunas cosas. Debes pasar tiempo en la Palabra de Dios y aprender a pensar como Él.

De lo contrario, continuarás pensando como lo hace el mundo… y por lo tanto, seguirás hablando y actuando como ellos… e inevitablemente obteniendo los mismos resultados. El mundo está bajo la maldición, por lo que todo lo que hace resulta en corrupción y destrucción. ¡Eso no es lo que tu Padre celestial quiere que se manifieste en tu vida!

Él ya te ha redimido de la maldición para que puedas caminar muy por encima –en LA BENDICIÓN– y te ha proporcionado todo lo que necesitas para hacerlo. No solo ha multiplicado Su gracia y paz hacia ti y para todos los creyentes, como dice 2 Pedro 1: «Su divino poder nos ha concedido todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad por medio del conocimiento de aquel que nos llamó por su propia gloria y excelencia. Mediante ellas nos han sido dadas preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas ustedes sean hechos participantes de la naturaleza divina después de haber huido de la corrupción que hay en el mundo debido a las bajas pasiones.» (versículos 3-4, RVA-2015).

Someterse a la carne es peligroso

En esos versículos, las palabras bajas pasiones, no se refieren solo a la tentación sexual. También incluyen toda clase de impulsos, pasiones y deseos carnales. Esas cosas son peligrosas. El diablo las usa para presionar a las personas y así, avanzar su plan maligno en sus vidas; cuando se someten a ellas, reciben destrucción.

Nosotros, como pueblo de Dios, escapamos de esa destrucción poniendo nuestra alma y cuerpo en conformidad con Él. Descubrimos cuál es Su voluntad, ponemos nuestra fe en Su poder que obra en nosotros y vivimos en consecuencia. En lugar de someternos a los impulsos y pasiones carnales, le damos lugar a nuestro espíritu renacido y ponemos en funcionamiento el principio revelado en Gálatas 5:16: «Vivan según el Espíritu, y no satisfagan los deseos de la carne.»

Sin embargo, no todos los cristianos de hoy en día han recibido esa enseñanza. Al contrario, se les ha dicho que, debido a que los creyentes del Nuevo Pacto ya no están bajo la ley, pueden simplemente hacer lo que se les ocurra. Total, complacer las pasiones y los impulsos carnales es parte del ser humano, por lo que realmente no es gran cosa.

Sin embargo, ¡es un gran problema! Según Santiago 1, cuando una persona: «es tentado cuando se deja llevar y seducir por sus propios malos deseos. El fruto de estos malos deseos, una vez concebidos, es el pecado; y el fruto del pecado, una vez cometido, es la muerte.» (versículos 14-15). En otras palabras, incluso para el creyente, el pecado es mortal.

El pecado no te mantendrá por fuera del cielo si realmente has nacido de nuevo, pero con seguridad acortará tu tiempo en la tierra. Adicionalmente, te robará la vida abundante que Dios quiere que disfrutes aquí y ahora. Te condenará a la derrota y te arrebatará la victoria que ya te pertenece en Cristo.

Es más, vivir según la carne y someterse al pecado es contrario a tu identidad como creyente. Incluso me atrevería a decir que es de hipócritas. Un hipócrita es alguien que finge ser algo que en realidad no es, y los creyentes nacidos de nuevo no son pecadores en su interior. En nuestros espíritus no somos como el mundo.

Obviamente vivimos en este mundo, pero Jesús dijo que no pertenecemos a este, ni tampoco Él (Juan 17:16). Somos de Dios. Nuestro hombre interior ha sido creado a Su imagen, en justicia y verdadera santidad (Efesios 4:24).

¿Cómo hacemos para manifestar ese hombre interior? Romanos 12:1-2 nos da la respuesta: «Así que, hermanos, yo les ruego, por las misericordias de Dios, que se presenten ustedes mismos como un sacrificio vivo, santo y agradable a Dios. ¡Así es como se debe adorar a Dios! Y no adopten las costumbres de este mundo, sino transfórmense por medio de la renovación de su mente, para que comprueben cuál es la voluntad de Dios, lo que es bueno, agradable y perfecto.»

Según W.E. Vine, la renovación de la mente es el ajuste de la visión y el pensamiento moral y espiritual a la mente de Dios. Es el cambio que tiene lugar en tu alma cuando te alimentas de Su Palabra. El alma se ajusta a la información que recibe, y la de la Palabra de Dios es muy diferente a la del mundo.

El mundo dice: “Oye, haz lo tuyo.” La Palabra dice: «Háganlo todo para la gloria de Dios». El mundo dice: “Si se siente bien, adelante.” La Palabra dice: “Se sienta bien o no, si es pecado, no lo hagas, porque traerá la muerte.” El mundo dice: “Sigue a la mayoría. Todo el mundo lo está haciendo.” La Palabra dice: «Por tanto, imiten a Dios, como hijos amados».

Alimentarse de la información de Dios renueva tu mente, ¡y una mente renovada es asombrosa! Rechazará las mentiras del mundo con la misma rapidez que una computadora rechaza los datos contrarios a su programación. Debido a que es enseñada y entrenada por la Palabra de Dios, tu mente renovada desechará esas ideas, hábitos y comportamientos mundanos que te han mantenido en cautiverio; y abrirá la puerta para que experimentes la verdadera libertad.

Jesús dijo en Juan 8: «Si ustedes permanecen en mi palabra, serán verdaderamente mis discípulos; y conocerán la verdad, y la verdad los hará libres.» (versículos 31-32).

Por el contrario, si no permaneces en la Palabra, y tu mente permanece sin renovarse, te hará tropezar continuamente. Cuando el Espíritu Santo trate de ayudarte y guiarte a hacer las cosas a la manera de Dios, tu mente no renovada rechazará Su dirección. Te dirá: “No voy a hacer eso. No tiene ningún sentido.”

Por ejemplo, supongamos que estás pasando por un momento de escasez financiera. Cuando el Espíritu Santo te guíe a sembrar durante ese tiempo de escasez con una gran ofrenda o BENDICIENDO a alguien más que esté en necesidad, si tu mente no está renovada, es probable que te resistas a la dirección del Espíritu. ¡No puedo dar ahora!, pensarás. No alcanza ni para mí. Tu mente no renovada te impedirá ver la respuesta en la siembra, ya que el que siembra con generosidad, también segará con generosidad (2 Corintios 9:6).

No lo compliques

            He estado renovando mi mente con la Palabra de Dios durante 55 años y puedo decirte que: ¡funciona! Te dará la victoria. Obrará liberación. Funcionará cuando nada más en el mundo funcione. Sin embargo, también puedo decirte que, si quieres que la Palabra funcione en tu vida, deberá convertirse en tu estándar. Deberás estar de acuerdo con lo que dice y rechazar todo lo que la contradiga. Debes decidir: No voy a cambiar la Palabra para que se adapte a mi estilo de vida, sino que cambiaré mi estilo de vida para que se ajuste a la Palabra.

            “Pero Gloria, ¿no crees que a veces la vida es más complicada que eso?”

            No, no lo creo. Esa es una de las razones por las que renovar mi mente con la Palabra de Dios siempre ha sido tan fácil para mí. Soy una persona sencilla. Creo que Dios es más inteligente que yo. No tengo que comprobar por mí misma ni por experiencia si Su Palabra es verdadera o no. Si lo dijo, es la verdad, y no discuto con Él. Simplemente pongo Sus pensamientos en la computadora de mi mente, alineo mi pensamiento con lo que Él dijo y someto mi voluntad para que armonice con la Suya.

            La voluntad es la parte del alma que convierte el pensamiento en acción. Es la parte de ti que decide si te acercarás a Dios o no. Por ejemplo, fuiste salvo como un acto de tu voluntad. Escuchaste el evangelio y decidiste creer en Jesús y confesarlo como tu Señor. Alineaste tu voluntad con la de Dios y todos los demonios en el infierno no pudieron evitar que nacieras de nuevo.

¡Tu voluntad, conformada a la voluntad de Dios, es una fuerza poderosa! Cuando se alimenta fielmente y se fortalece a diario con la Palabra de Dios, te mantendrá progresando continuamente en victoria. Evitará que los vientos del mundo te lleven de un lado a otro y te provocará que vivas como el conquistador que estás destinado a ser.

Por lo tanto, en resumen, la decisión es tuya. ¿Qué harás? ¿Quieres caminar con Dios en victoria o ser derrotado por el mundo?

¡Personalmente, elijo caminar con Dios! Probé lo que el mundo tiene para ofrecer antes de nacer de nuevo, y no me gustó. Descubrí que no tiene paz ni alegría; solo angustia, frustración y fracaso; te ofrecerá una realidad que desearás, mas nunca alcanzarás.

Sin embargo, cuando comencé con la Palabra de Dios y aprendí a hacer las cosas a Su manera, descubrí que en Él todo está bien. Descubrí que Él me sostiene, me fortalece, me habla, me enseña y, a medida que renuevo mi mente con Su Palabra, incluso me transforma, como lo promete en Romanos 12:2.

La palabra griega traducida como transformar en ese versículo es metamorphoo. Habla del tipo de metamorfosis que transforma una oruga en una mariposa. Ese es el tipo de cambio que nosotros experimentamos, como creyentes, a medida que continuamos en comunión con el Señor en la Palabra y por Su Espíritu. Como dice 2 Corintios 3:18: «Todos nosotros, que miramos la gloria del Señor a cara descubierta, como en un espejo» (o “[en la Palabra de Dios]” como dice la versión Amplificada) «somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor».

¡Piénsalo! ¡No solo nacemos como vencedores; somos transformados por la Palabra de Dios y Su Espíritu de gloria en gloria! Nuestra victoria está tan entretejida que el diablo y todas sus legiones no pueden quitárnosla.

La verdad al respecto es que es un trato unilateral. Satanás fue despojado de todo poder y autoridad en la resurrección de Jesús. No le queda nada para usar contra nosotros excepto sus mentiras y, a diferencia del mundo, no tenemos que creerlas. El dios de este mundo no es nuestro Dios.

¡Nacimos del Creador Todopoderoso del cielo y la tierra! Él borró todos nuestros pecados, nos libró del reino de las tinieblas y nos trasladó a Su reino de luz. Él nos ha recreado a Su propia imagen en verdadera justicia y santidad, nos ha dado Su Palabra escrita para que podamos renovar nuestras mentes y nos ha llenado con Su Espíritu Santo. No envió un ángel para ayudarnos, sino que Él mismo decidió habitarnos. Hizo Su morada en nuestro interior para poder enseñarnos personalmente y capacitarnos con Su gran poder.

¡Satanás no tiene ninguna posibilidad contra ti si eres un creyente nacido de nuevo! Si no fuera porque es verdaderamente despreciable, casi podrías sentir lástima por él. Su única esperanza es que no descubras lo que dice la Palabra de Dios o que la desobedezcas porque, una vez que lo hagas…

Solo podrás vencer. Solo podrás avanzar de gloria en gloria. Solo podrás triunfar porque, ¡naciste para ganar! V 

© 1997 - 2026 Asociación Ministerios Kenneth Copeland, también conocida como Ministerios Kenneth Copeland Latinoamérica. Todos los derechos reservados.
Más opciones para compartir...