Este es tu llamado de atención
En 2002, recibí un llamado de atención que cambió mi vida. En aquel momento, mi marido y yo estábamos a punto de divorciarnos. Vivía al día. Mi casa era un desastre. Tenía una niña de 5 años que me veía como modelo a seguir. Además de eso, la culpa y la vergüenza eran mis compañeras constantes. Las malas decisiones que había tomado en el pasado estaban afectando todas las áreas de mi vida.
Entonces, una mañana temprano mientras caminaba, el Señor me dio una visión diferente a cualquier otra que haya tenido antes o después. Me vi a mí misma mirando hacia los pies de la cruz. La sangre de los pies de Jesús goteaba sobre mi cabeza. El Señor habló a mi corazón y me dijo: “Estoy lavando los recuerdos.”
Esa sangre llegó a mi corazón, y el Señor dijo: “Yo soy el Sanador de los quebrantados de corazón.”
La sangre fluyó hasta mis pies y el Señor dijo: “Los restos del pecado han desaparecido de ti.”
Entonces, una gran mano se extendió desde el cielo y me entregó un porta documentos y un juego de llaves antiguas. Dios dijo: “Esta es tu misión. Estas son las llaves del reino de los cielos para ayudarte a cumplirla. Todo lo que necesitas para cumplir tu misión podrás accederlo con estas llaves.”
¡Fue un momento revolucionario! Mi perspectiva cambió por completo ese día. No solo desaparecieron la culpa y la vergüenza, sino que también comencé a imaginar a cada uno de nosotros sosteniendo un porta documentos con nuestro nombre y, en su interior, nuestra asignación divina.
Esa visión hizo que Juan 17:4, El Mensaje, cobrara vida para mí de una manera especial. Dice: “Te glorifiqué en la tierra al completar hasta el último detalle lo que me asignaste hacer”.
Permíteme compartir contigo algunas claves importantes que te ayudarán a cumplir tu misión.
Clave N.º 1: Escucha
Podría llenar una biblioteca con todo lo que aprendí de mi papá sobre cómo cumplir una tarea de Dios, pero todo eso dio comienzo en un solo lugar: En silencio, ante el Señor. Mi papá me dijo una vez: “Cada vez que entres en tu tiempo de oración con el Señor, lleva siempre dos cosas: Un diario y un bolígrafo. Practica escuchar la voz de Dios.”
Dios le dijo lo mismo a Jeremías: «Escribe en un libro todas estas palabras que te he hablado» (Jeremías 30:2, Reina Valera Actualizada).
Es fácil olvidar lo que el Señor nos dice durante nuestros momentos de oración. La ciencia ha logrado demostrar que las ideas que no se plasman por escrito en un plazo de 37 segundos probablemente nunca se recuerden. En siete minutos, se pierden para siempre. Por eso es tan importante escribir lo que escuchamos que el Señor nos dice.
Empecé a poner en práctica esas instrucciones en sesiones cortas de cinco minutos. Tomé un diario y un bolígrafo y anoté lo que escuché que el Señor me decía. La primera vez que lo hice, me vinieron a la mente cinco cosas: La televisión, libros, conferencias monotemáticas, ayudar a las adolescentes con problemas y Francia. Ninguna de esas ideas era algo que se me hubiera ocurrido por si sola. Ahora, cada una se ha convertido en parte de mi ministerio.
Algunas personas dicen: “No te quedes ahí sentado. Haz algo.”
Yo te digo: “No hagas nada. Siéntate, escucha y escribe todo lo que oigas.”
Clave N.º 2: Limpia
Lo primero que oí que el Señor me decía que hiciera era limpiar mi casa. Suena sencillo, ¿no? Seguramente no podía haber sido Dios. Pero me equivocaba.
En la parábola de Jesús sobre los tres siervos, el amo de la historia recompensó a su siervo por duplicar su dinero. Le dijo: «Bien hecho, siervo bueno y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré” (Mateo 25:23). ¡Qué lección tan poderosa!
Hay una relación entre la organización y el éxito. La forma en que hacemos cualquier cosa es la forma en que hacemos todo. Limpiar y poner las cosas en orden es una preparación para algo más grande.
Antes de entrenar a sus soldados para la batalla, el ejército les enseña primero a hacer la cama. Los oficiales saben que, si un soldado es descuidado al hacer su cama, también lo será al cargar su arma. Por eso comienzan con algo tan básico para establecer un estándar de excelencia.
En mi caso, a los nueve meses de limpiar mi casa, fui ascendida a Directora de los Ministerios Jerry Savelle, donde tenía a cargo ocho oficinas internacionales. Era claro que tenía que adoptar un estándar de excelencia en mi propia vida antes de poder esperar la excelencia de mi equipo.
Clave N.º 3: Madura
Cuando me gradué en la universidad, hice una de las declaraciones más estúpidas de mi vida. Dije: “Nunca volveré a estudiar.” Estaba segura de que nunca volvería a tocar un libro. Y, durante 11 años, no lo hice.
Lo curioso es que trabajé como escritora fantasma para mi papá. Durante esos 11 años, probablemente escribí 25 libros basados en sus enseñanzas. Sin embargo, nunca amplié mis propios conocimientos. Me despertaba a última hora para ir al trabajo, me subía al auto, encendía la radio y cantaba todo el camino hasta la oficina. Después del trabajo, corría a casa y veía la televisión por horas. Me interesaba más ver a otras personas cumplir sus sueños que perseguir los míos propios.
Después de mi llamada de atención, supe que algo tenía que cambiar. Empecé a poner la alarma en mi teléfono y a obligarme a leer durante 20 minutos. Era una tortura. Entonces, ocurrió algo sorprendente: Mi vida comenzó a crecer en todas las áreas.
Dios dijo en Oseas: «Mi pueblo es destruido porque carece de conocimiento» (Oseas 4:6 RVA-2015). No quería que ese fuera mi caso. No quería la destrucción en mi vida. Quería un propósito, así que adquirí el hábito de estudiar la Palabra de Dios. Ahora, más de 20 años después, sigo estudiando la Palabra todos los días para educarme. ¡Ha marcado una gran diferencia!
Clave N.º 4: Levanta tu mirada
Cuando Dios le reveló a Abraham su misión, le dijo: «Mira, por favor, al cielo y cuenta las estrellas, si acaso las puedes contar. —Y añadió—: Así será tu descendencia» (Génesis 15:5, RVA-2015). Dios quería que Abraham usara su imaginación para tener una visión de todo lo que Dios tenía para él.
De la misma manera, debemos visualizar nuestro sueño en nuestro interior antes de que se manifieste en el exterior. Proverbios 29:18 dice: «Cuando no hay visión, el pueblo se desvía» (RVC). Lo contrario también es cierto: Con visión, cobramos vida. Tener visión nos permite visualizar hacia dónde vamos.
Una vez que puedes visualizar tu visión, es hora de seguir las instrucciones de Habacuc 2:2: «Escribe la visión y grábala claramente en las tablillas, para que se lea de corrido» (NVI). Fíjate que no dice que la hagas amplia, vaga o difusa. Dice “claramente”. En otras palabras, debemos escribirla y ser específicos.
Clave N.º 5: Levántate
La clave final es actuar. Santiago 2:17 dice: «Como pueden ver, la fe por sí sola no es suficiente. A menos que produzca buenas acciones, está muerta y es inútil» (NTV). La fe requiere de acción. No importa cuánto sepamos si no lo ponemos en práctica.
Los creyentes que están decididos a cumplir la misión que Dios les ha encomendado para su vida actúan. No esperan a que su iglesia, ministerio o negocio aparezca de la nada. Se ponen manos a la obra. Actuar requiere que salgamos de nuestra zona de confort y estemos dispuestos a sentir incomodidad y vulnerabilidad. Debemos hacer lo que la mayoría de la gente nunca haría.
¿Recuerdas a los cuatro hombres que llevaron a su amigo enfermo a ver a Jesús en Lucas 5:20? Cuando llegaron a la casa, no pudieron entrar. Sin embargo, eso no fue impedimento alguno. Subieron al techo acarreando a su amigo en camilla, arrancaron las tejas y lo bajaron delante de Jesús. «Y cuando vio su fe, le dijo: Hombre, tus pecados te son perdonados». Sus acciones fueron el resultado de lo que creían. Estaban dispuestos a hacer lo que la mayoría de la gente nunca haría.
Incluso hoy, Jesús ve cuando actuamos. No debemos esperar a que llegue la oportunidad para prepararnos. Tenemos que prepararnos de antemano para que, cuando se presente la oportunidad, estemos listos para aprovecharla.
Esta es tu llamada de atención
Ahora es el momento de escuchar, limpiar, madurar, levantar nuestra mirada y levantarnos. Es hora de deshacerte de los viejos hábitos que nos impiden cumplir nuestro llamado divino.
En mi caso, comencé a practicar estos hábitos un día a la vez, y revolucionaron mi vida. No podía vislumbrar dónde terminaría cuando mi vida estaba al borde del colapso, pero Dios sí podía. A través de Su Palabra y de las personas que puso en mi vida, comencé a cambiar.
Hoy tengo el privilegio de enseñar a miles de líderes empresariales, ayudar a mujeres jóvenes a ser libres de las relaciones destructivas, la automutilación, y guiar a las personas hacia el Señor. Puedo hacer eso y mucho más porque pongo en práctica estas claves.
Pero no son solo para mí. ¡Son para todos nosotros!
Así que, ahora mismo, comprométete a cumplir la tarea que Dios te ha encomendado. No esperes ni dejes pasar las oportunidades. Sé cómo el apóstol Pablo y di: «Mi vida no vale nada para mí a menos que la usé para terminar la tarea que me asignó el Señor Jesús, la tarea de contarles a otros la Buena Noticia acerca de la maravillosa gracia de Dios.» (Hechos 20:24, NTV). ¡Sigue mis pasos y pongámonos a trabajar! V