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¿Estás listo?

Oro para que, por el poder del Espíritu Santo, las dos palabras del título de este artículo se graben en tu conciencia. “¿Estás listo?” “Estás lista?”

Estén listos para el regreso del Señor. Estén listos para el rapto de la Iglesia. Estén listos para la cena de las Bodas del Cordero, porque el momento señalado está muy cerca.

Hace algún tiempo, el Espíritu del Señor le habló a Ken y le dijo: Regresaré antes de lo que piensas.

“Pero, Señor”, exclamó Ken, “¡creo que vendrás pronto!”

“¡Pues bien, vendré antes de lo que crees!”, le respondió Él.

Hoy en día existen muchas personas en la tierra que no lo creen. Tal como profetiza la Escritura, se burlan y dirán «según sus propios malos deseos … «¿Qué pasó con la promesa de su venida? Desde el día en que nuestros padres murieron, todas las cosas siguen tal y como eran desde el principio de la creación» (2 Pedro 3:3-4).

Sin embargo, esas personas están equivocadas. Jesús volverá. Hay un día y una hora señalados para Su regreso. Sabemos que es cierto porque Jesús Mismo lo dijo: «En cuanto al día y la hora, nadie lo sabe, ni siquiera los ángeles de los cielos. Sólo mi Padre lo sabe» (Mateo 24:36). En ese momento señalado, Él se llevará a los que estén preparados para Su venida y nos llevará al cielo con Él para celebrar durante siete años. Luego, nos traerá de vuelta con Él cuando venga a reinar sobre la tierra.

¡Qué día tan maravilloso!

Se acerca. No hay duda al respecto. La única pregunta que resta es: ¿Estarás listo?

Una cita divina

Más vale que lo estés, porque, cuando llegue el día señalado, Él vendrá, independiente de lo que pienses. Verás, Dios ha fijado fechas específicas para algunas cosas. Ha señalado tiempos que nunca podrán alterarse. Cuando las Escrituras dicen: «Esto sucederá», significa que ese evento está fijado para siempre. Para nuestras mentes humanas limitadas, tal cosa parece casi imposible, pero en Isaías 46, el Señor nos dice: «Recuerden los primeros sucesos de antaño, porque yo soy Dios, y no hay otro. ¡Nada hay semejante a mí! Yo anuncio desde un principio lo que está por venir; yo doy a conocer por anticipado lo que aún no ha sucedido. Yo digo: “Mi consejo permanecerá, y todo lo que quiero hacer lo haré.”» (versículos 9-10).

Desde el principio, Dios ha anunciado el fin. Él ya ha establecido cómo y cuándo tendrán lugar ciertos acontecimientos.

Por ejemplo, había un tiempo señalado para que los hijos de Israel salieran de Egipto. Dios fijó esa fecha en Génesis 15:13, cuando le dijo a Abram: «Debes saber que tu descendencia habitará en una tierra extraña, y que allí será esclava y la oprimirán durante cuatrocientos años».

Efectivamente, después de que los israelitas se fueron a vivir a Egipto, comenzaron a ser oprimidos. Podemos deducir de las Escrituras que vivieron allí treinta años antes de que comenzara la aflicción, porque Éxodo 12:40-41 dice: «Los israelitas vivieron en Egipto cuatrocientos treinta años,  y el mismo día en que se cumplieron esos cuatrocientos treinta años todo el pueblo del Señor salió de ese país».

Al cabo de los cuatrocientos treinta años, en el mismo día, todas las huestes del Señor salieron de la tierra de Egipto.

Piensa que, 400 años después de que Egipto comenzara a oprimir a Israel, Dios sacó a los israelitas tal y como lo había prometido. ¡Ni siquiera se retrasó un día!

Es más, se aseguró de que los israelitas fueran bendecidos, equipados y estuvieran listos para partir. No se apresuró a trasladarlos de un lugar a otro sin más. El Salmo 105:37 dice: «Su pueblo salió cargado de oro y plata; en sus tribus no había un solo enfermo».

Pero si lees Éxodo 12, veras que esos israelitas habían obedecido las instrucciones del Señor. Se habían preparado. Habían comido la cena pascual la noche de su partida con los lomos ceñidos, los zapatos en los pies y bastones en mano. Comieron apresuradamente, porque estaban listos para partir.

Tampoco fue esa la última vez que Dios les ordenó que estuvieran preparados. Les dijo que estuvieran preparados cada vez que Él estuviera a punto de manifestarse ante ellos. De hecho, si estudias la Biblia, verás que así es como actúa Dios. En Éxodo 19:10-11, por ejemplo, el Señor le dijo a Moisés: «Ve al pueblo, y santifícalos hoy y mañana, y haz que laven sus vestidos y se preparen para el tercer día, porque al tercer día yo, el Señor, descenderé sobre el monte Sinaí, a la vista de todo el pueblo».

Luego, nuevamente en Éxodo 34:1-2, el Señor le dijo a Moisés:

«Pule dos tablas de piedra, como las primeras, y yo escribiré sobre esas tablas las palabras que estaban en las primeras tablas, las que hiciste pedazos. Así que prepárate para mañana, y sube temprano al monte Sinaí. Preséntate ante mí en la cumbre del monte».

Así como Dios fijó esas citas para reunirse con Moisés y los hijos de Israel, también ha fijado una cita con nosotros. Como dice Hechos 17:31: «Porque él ha establecido un día en que, por medio de aquel varón que escogió y que resucitó de los muertos, juzgará al mundo con justicia».

El fin de todo tal cual lo conocemos en la tierra se avecina. Dios nos ha notificado, tanto a través de Su Palabra escrita como por medio de Su Espíritu dentro de nosotros, que Jesús va a volver por nosotros. La pregunta es: ¿estaremos preparados?

Aún no estás en casa

Si no estás listo, es posible que la idea del regreso del Señor no te emocione tanto como a mí. Incluso, puede que te llene de temor y ansiedad. Si es así, necesitas hacer algunos cambios. Primero, necesitas nacer de nuevo haciendo de Jesús el Señor de tu vida. Luego, necesitas centrar tu atención y tu afecto en las cosas de Dios en lugar de en las cosas de este mundo (Lee Colosenses 3:2).

Al fin y al cabo, este mundo no es nuestro hogar. No es nuestro destino final. Solo estamos de paso por aquí, esperando con ansias el momento en que estemos en la gloria y en casa con el Señor. Debemos recordar esto constantemente para no enredarnos en asuntos mundanos. Debemos mirar constantemente hacia el cielo para que, cuando llegue el momento de partir, estemos preparados.

Jesús contó una parábola que ilustra este punto en Lucas 14. Allí dijo:

Entonces Jesús le dijo: «Un hombre ofreció un gran banquete, e invitó a muchos.  A la hora del banquete envió a su siervo a decir a los invitados: “Vengan, que la mesa ya está servida.” Pero todos ellos comenzaron a disculparse. El primero dijo: “Acabo de comprar un terreno, y tengo que ir a verlo. Por favor, discúlpame.” Otro dijo: “Acabo de comprar cinco yuntas de bueyes, y voy a probarlas. Por favor, discúlpame.” Y otro más dijo: “Acabo de casarme, así que no puedo asistir.”  Cuando el siervo regresó, le comunicó todo esto a su señor. Entonces el dueño de la casa se enojó, y le dijo a su siervo: “Ve enseguida por las plazas y por las calles de la ciudad, y trae acá a los pobres, a los mancos, a los cojos y a los ciegos.”… “Ve entonces por los caminos y por los atajos, y hazlos entrar por la fuerza. ¡Quiero que se llene mi casa!  Quiero decirles que ninguno de los que fueron invitados disfrutará de mi cena.”» (versículos 16-24).

¿Por qué los invitados a la cena del Señor no asistieron cuando fueron llamados? Se habían involucrado demasiado en los quehaceres de la vida cotidiana. Habían permitido que esas cosas se volvieran demasiado importantes para ellos. ¡No estaban preparados!

Sé ligero de pies

Escucha, ¡ya casi es la hora de la cena en el reino de Dios! Jesús está preparando un banquete para nosotros en el cielo y ya casi está listo. Así que prepárate. No te dejes atrapar por las actividades mundanas al punto de no poder oír lo que Él te diga que hagas.

Grandes cosas sucederán de aquí al arrebatamiento de la Iglesia. El reino de Dios recogerá una cosecha de almas sin precedentes. No querrás quedarte al margen de ese movimiento. No querrás estar por ahí perdiendo el tiempo cuando la gloria de Dios se derrame. Querrás estar justo en medio de los acontecimientos.

Ahora es el momento de consagrar y dedicar cada fibra de tu ser, cada momento de tu vida y todo lo que haces al servicio del Señor. No querrás que nada te detenga en esta hora emocionante. No querrás que nada te impida andar en el espíritu y experimentar la gloria que Dios está a punto de manifestar en la tierra.

¡Así que prepárate! Conságrate a Dios y mantente lleno de la Palabra y del Espíritu Santo para que, cuando oigas el sonido de la trompeta que anuncia el regreso de Jesús, tus pies sean tan ligeros que puedas levantarte de aquí.

Jesús enseñó sobre ese tipo de preparación en Mateo 25, diciendo:

En aquel tiempo, el reino de los cielos será semejante a diez vírgenes que tomaron sus lámparas, y salieron a recibir al novio. Cinco de ellas eran prudentes y cinco insensatas. Las insensatas, tomaron sus lámparas, pero no llevaron aceite; en cambio, las prudentes llevaron sus lámparas y también vasijas con aceite. Como el esposo se demoró, todas cabecearon y se durmieron. A la medianoche se oyó gritar: “¡Aquí viene el novio! ¡Salgan a recibirlo!” Todas aquellas vírgenes se levantaron, y arreglaron sus lámparas. Entonces las insensatas dijeron a las prudentes: “Dennos un poco de su aceite, porque nuestras lámparas se están apagando.” Pero las prudentes les respondieron: “A fin de que no nos falte a nosotras ni a ustedes, vayan a los que venden, y compren para ustedes mismas.” Pero mientras ellas fueron a comprar, llegó el novio, y las que estaban preparadas entraron con él a las bodas, y se cerró la puerta.  Después llegaron también las otras vírgenes, y decían: “¡Señor, señor, ábrenos!”  Pero él les respondió: “De cierto les digo, que no las conozco.” Estén atentos, porque ustedes no saben el día ni la hora en que el Hijo del Hombre vendrá. (versículos 1-13).

Esta parábola nos deja un punto muy claro: Cuando se trata de estar preparados y dedicarse al Señor, depende sólo de nosotros. El pastor no puede hacerlo por ti. Tu esposo o esposa no pueden hacerlo por ti. Tú debes ir y comprar aceite por ti mismo. Tú debes asegurarte de estar listo para Dios. Tú debes asegurarte de que no haya nada en tu vida que te haga retroceder de Su presencia.

Estar preparados es nuestra responsabilidad. Dios nos ha dado todo lo que necesitamos. Él ha puesto Su propio Espíritu dentro de nosotros. Él nos ha dado Su Palabra escrita. Nos ha dado maestros, predicadores, pastores, evangelistas, apóstoles y profetas para ayudarnos a aprender a vivir por fe, a vivir separados del mundo, a andar en el Espíritu y a operar en el poder de Dios. Pero, debemos decidir que tales cosas sean prioritarias en nuestra vida.

No te dejes sorprender

Una manera de priorizarlas es cultivar la expectativa del pronto regreso de Jesús. La Biblia dice: «Y todo aquel que tiene esta esperanza en él [Jesús], se purifica a sí mismo, así como él es puro» (1 Juan 3:3).

¿Quieres estar preparado? Entonces invierte tiempo para estudiar y meditar las Escrituras sobre la venida de Jesús. Edifica tu esperanza al punto de despertarte cada mañana esperando con ansias por Él.

Vive cada día esperando Su regreso. No dejes que te tome por sorpresa. No debería hacerlo, porque ya lo sabes. Aunque Dios no nos ha revelado el día ni la hora exactos, según la Biblia, si estamos alerta, sabremos la temporada del regreso de Jesús. De hecho, el Mismo Jesús dijo en Mateo 24 que Su venida sería como el diluvio en los días de Noé (versículos 32-33, 36-39). Medita al respecto por un momento. Ese diluvio tomó al mundo por sorpresa, ¿no es así? Todos seguían con sus actividades cotidianas, sin esperar nada inusual, cuando de repente fueron arrastrados. No tenían ni idea de lo que estaba pasando.

Pero Noé no fue sorprendido. Había estado trabajando en el arca durante años. Había estado esperando ese diluvio. No sabía el día ni la hora, pero sabía que llegaría y se había preparado. Cuando empezó a llover, Noé no estaba en la oscuridad, ¡sino en el arca!

Debemos seguir su ejemplo con respecto al regreso de Jesús. Debemos estar atentos a la temporada (1 Tesalonicenses 5:1-6). Si estás atento y andas en sintonía con el Espíritu, no estarás en la oscuridad. La venida de Jesús no te sorprenderá. Sabrás en tu espíritu que Él está a las puertas.

Personalmente, creo que el día que Él venga, me despertaré con la unción de Dios fluyendo a través de mí con tal fuerza que sabré que algo está a punto de suceder. Espiritualmente hablando, se me erizará la piel. Y, cuando oiga el sonido de la trompeta, cuando oiga el grito de júbilo: «¡He aquí, el Esposo viene!», ya he tomado mi decisión: Estaré lista. ¿Y tú? V

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