Skip to content

Cultivando la súper-paciencia

Superkid, me gustaría rendirle homenaje a la persona que mejor ilustra el fruto del espíritu en mi vida. Mi mamá, Gloria Copeland, siempre ha fluido constantemente en el fruto de Jesús, que reconocemos como el fruto del espíritu. Ahora que soy madre, comprendo su importancia. Aprecio cada vez que ella ha elegido el amor, el gozo, la paz, la bondad, la virtud, la fe, la mansedumbre y el dominio propio en lugar de la frustración o el miedo. Esas cualidades son las que más recuerdo mientras crecía.

Estoy segura de que mi hermano y yo la llevamos al límite de SU paciencia, pero ella siempre se las arreglaba para expresar la paciencia del Señor hacia nosotros. Y estas son las buenas noticias: Nunca podemos alcanzar el límite del fruto del espíritu. Algunos de ustedes pueden sentir que su mamá (u otra persona) tiene una “habilidad especial”, sin embargo, la verdadera diferencia es la misma que hay entre la semilla de una flor y una planta en plena floración. Las madres NECESITAN mucha paciencia, por lo que plantan esas semillas cada vez que eligen dejar fluir el amor de Dios.

Imagina a Jesús como la semilla que Dios sembró en tu corazón, y las diferentes flores como el fruto de Su amor. Gálatas 5:22-23, Traducción de la Pasión, dice: “El fruto producido por el Espíritu Santo dentro de ti es el amor divino en todas sus variadas expresiones: gozo que desborda, paz que domina, paciencia que perdura…” A medida que el Espíritu Santo produce el amor de Dios en TI, se manifiesta como gozo, paz y paciencia que perdura. Esta paciencia es intensa, constante y alimentada por Jesús, ¡tanto si eres una mamá como si eres un niño!

De niño, la paciencia no es solo “esperar sin quejarse”. Eso es paciencia natural. La súper-paciencia que viene de Jesús no es forzada ni fingida. Crece a partir de la semilla de Su vida en ti.

Imagina esto: Un agricultor planta una semilla y espera la cosecha. No la desentierra para ver si está creciendo. Confía en la lluvia y en la vida que hay dentro de la semilla.

Santiago 5:7-8 dice: «Amados hermanos, tengan paciencia mientras esperan… Piensen en los agricultores, que con paciencia esperan las lluvias… Con ansias esperan a que maduren los preciosos cultivos» (Nueva Traducción Viviente).

Eso es lo que hace el Espíritu Santo: Hace crecer la paciencia en tu corazón. Cuando mantienes tus ojos fijos en Jesús y lo escuchas, Sus palabras son semillas. No estás tratando de ser “bueno para esperar sin quejarte”. Estás infundido de Jesús, y Su paciencia crece como el fruto en un árbol.

Recuerda lo siguiente, Superkid: Jesús es la semilla que el Padre plantó en TI. Él está esperando la valiosa cosecha en tu vida. Gracias a Jesús, puedes ser tan paciente como Él.

Vi esto en mi mamá y aprendí a cosecharlo en mi propia vida.

Santiago señala a los profetas como ejemplos de paciencia, y he visto a mi mamá de esa manera. Ahora es un buen momento para observar a las personas “fructuosas” y convertirnos en una de ellas mientras aprendemos juntos cada fruto.

Recuerda también que las mamás no son las únicas que necesitan paciencia. Todos la necesitamos para seguir a Jesús en las cosas que Él tiene para nosotros. La paciencia no es necesaria porque no esté pasando nada. ¡La paciencia es necesaria porque TODO está pasando! Mientras mi mamá desarrollaba su paciencia, Dios me estaba haciendo crecer a mí. Y en este momento, Él está obrando en tu familia, incluso antes de que nadie pueda ver lo maravilloso que vas a llegar a ser.

La Comandante Kellie♥

© 1997 - 2026 Asociación Ministerios Kenneth Copeland, también conocida como Ministerios Kenneth Copeland Latinoamérica. Todos los derechos reservados.
Más opciones para compartir...