Skip to content

¡Cree en el amor!

“¡Dios me ama! ¡No puede evitarlo!”

Si has asistido a alguna de nuestras convenciones en los últimos años, probablemente hayas escuchado esas palabras de mi amigo (y uno de mis predicadores favoritos), Jesse Duplantis. Cada vez que pronuncia esas palabras, se le dibuja esa amplia sonrisa que deja ver cuán lleno está del gozo del Señor.

Jesse es tan alegre, que sorprende e incluso irrita a algunas personas. Pero no puede evitarlo. Es un hijo muy amado del Dios Todopoderoso del universo. ¡Sabe que su Padre celestial lo ama con un Amor poderoso, que todo lo perdona, sin fin y lleno de BENDICIONES! Vive consciente de ese Amor y, por ende, disfruta plenamente de la vida.

Ahora bien, la mayoría de la gente piensa que Jesse es raro. Creen que tiene una “unción de gozo” especial o algo por el estilo. Sin embargo, la verdad es que todos los creyentes de la tierra (entre los cuales estás incluido) tienen tantos motivos para regocijarse como él, porque Dios nos ama a todos con ese mismo Amor.

Es cierto. Dios te ama tanto como ama a Jesse Duplantis. Te ama tanto como a Gloria o a mí.

Pero aún más asombroso es el hecho de que Dios nos ama a todos tanto como ama a Jesús.

La primera vez que el Señor me lo dijo, mi mente simplemente no podía comprenderlo. Pensé: ¿Cómo puede ser? Hasta el día de hoy, no tengo la respuesta completa a esa pregunta. No sé cómo es posible que Dios me ame tanto como ama a Jesús, ¡pero solo sé que es la verdad! Jesús Mismo lo expresó en Juan 17. En su oración al Padre, Jesús dijo:

Pero no ruego solamente por éstos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos,  para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste… y que los has amado a ellos como también a mí me has amado. (versículos 20-21, 23, RVC).

Usa tu fe

La Biblia no deja duda alguna sobre el tema: ¡Dios nos ama! Versículo tras versículo nos lo confirma. «Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito…» (Juan 3:16, RVA-2015). «Pero Dios, quien es rico en misericordia, a causa de su gran amor con que nos amó…» (Efesios 2:4, RVA-2015). «Pero Dios demuestra su amor para con nosotros en que, siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros» (Romanos 5:8, RVA-2015). «Miren cuán grande amor nos ha dado el Padre para que seamos llamados hijos de Dios» (1 Juan 3:1, RVA-2015).

Sin embargo, a pesar del vasto testimonio bíblico acerca del amor de Dios, he oído a cristianos —¡gente de fe que cree en la PALABRA!— decir cosas como: “Sí, hermano Copeland, sé lo que dice la Biblia, pero me cuesta creerlo porque no me siento amado.”

Ahora bien, esas mismas personas se enfrentarán a los síntomas de una enfermedad y dirán: “¡Los síntomas no me mueven! ¡Me mueve lo que creo, y creo que por las llagas de Jesús que soy sano!” Mirarán a la carencia cara a cara, y dirán: “¡Diablo, no me importa si tengo agujeros en los zapatos! ¡Mis necesidades están cubiertas según las riquezas en gloria de Dios por medio de Cristo Jesús!”

Sin embargo, cuando se trata del amor de Dios, antes de que puedan creer que Dios realmente los ama, abandonarán su fe y se quedarán sentados esperando “sentir lo correcto” hasta poder validarlo. Si ese eres tú, te lo puedo garantizar ahora mismo: eso no pasará. Tus “sentimientos” nunca podrán revelarte la profundidad del amor de Dios.

La fe funciona en todos los ámbitos de la misma manera. No sentías que eras salvo ni tenías conciencia de la salvación hasta que liberaste tu fe en la PALABRA de Dios y creíste que Él te había salvado. No sientes que estás sano hasta que liberas tu fe y crees que has recibido esa sanidad. Del mismo modo, no sentirás el amor de Dios de manera constante hasta que cultives tu fe en esa área y comiences a creer que Dios te ama, lo sientas o no.

“¿Quiere decir que tengo que creer en el amor de Dios?”, te preguntarás.

¡Sí! Por supuesto, Dios te ama, lo creas o no. Pero, si quieres disfrutar de los beneficios de ese amor, tendrás que involucrar tu fe. Como dice 1 Juan 4:15-16: «El que confiesa que Jesús es el Hijo de Dios, Dios permanece en él, y él en Dios. Y nosotros hemos conocido y creído el amor que Dios tiene para con nosotros. Dios es amor. Y el que permanece en el amor permanece en Dios y Dios permanece en él.» (RVA).

Fíjate en que ese versículo no dice: “Hemos conocido y sentido el amor que Dios tiene para con nosotros”. Dice: «¡Hemos conocido y creído!».

Pon la PALABRA en primer lugar

¿Cómo cultivas la fe en el amor de Dios? De la misma manera que lo haces en cualquier otra área de la vida. En primer lugar, pones la PALABRA primero y no tus sentimientos.

La razón por la que a la mayoría nos ha costado tanto hacerlo en este ámbito en particular, es porque hemos confundido el amor con los sentimientos durante mucho tiempo. Hemos pensado que, si no sentíamos ese amor, no lo teníamos. Eso es una mentira.

Recuerda lo siguiente: ¡El hecho de que no te sientas amado no significa que realmente no lo seas! El hecho de que te sientas rechazado no significa que Dios te rechace. Él sí te ama. Pagó un precio astronómico para relacionarse contigo, y no hay nada que puedas hacer para que Él deje de amarte. ¡Así que créelo!

“Bueno, lo estoy intentando. Pero acabo de comportarme muy mal y siento una gran condenación.”

Quizás sea cierto. Puede que te sientas condenado, pero, si te has arrepentido, no estás condenado. Esos sentimientos son solo un truco mentiroso del diablo para mantenerte atado a él, así que deja de tolerarlos y, al contrario, repréndelos.

Hace años, cuando mi hijo John tenía unos 12 años, el Señor me indicó que le dijera algo que marcó mi manera de pensar desde entonces. Me instruyó decirle: “John, sabes que soy un hombre de palabra, ¿verdad? Sabes que, si te doy mi palabra, la cumpliré.”

“Sí, señor”, me respondió.

“Bueno, te doy mi palabra ante Dios de que, sin importar lo que puedas hacer mal, siempre te amaré y siempre serás mi hijo. Por el resto de tu vida, si haces algo malo, por muy grave que sea, quiero que vengas a contármelo. Si lo haces, te doy mi palabra de que nunca te haré daño, y que haré lo humanamente posible y además, con Dios, para arreglarlo. Y lo lograremos, porque tú, yo y Dios podemos hacer cualquier cosa juntos.”

¿Sabes por qué pude decirle tal cosa a John? Porque Dios ya me lo había dicho a mí. Él nos ha dado Su PALABRA de que «si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad» (1 Juan 1:9, RVA-2015).

Dios no está en tu contra

Cuando empieces a creer en La PALABRA de Dios al pie de la letra y también en Su Amor, serás fortalecido por dentro. Ser consciente del Amor de Dios te convertirá en un gigante espiritual más rápido que cualquier otra cosa que conozca.

En primer lugar, porque el temor es una de las herramientas que el diablo usa para debilitarte, y «en el amor no hay temor sino que el perfecto amor echa fuera el temor» (1 Juan 4:18, RVA-2015).

Uno de los primeros temores que comenzará a desmoronarse es el temor injustificado hacia Dios. Aunque debemos tener reverencia por Dios, no hay razón bíblica alguna para temerle.

¿Por qué deberíamos temer a un Dios cuya misericordia se renueva cada mañana? ¡Es irrisorio! Pero mucha gente le teme a Dios por culpa de las tradiciones religiosas. En lugar de creer lo que dice la Biblia, han creído en canciones sin base escritural, como aquella titulada: “¡Dios te va a atrapar por eso!”

Debes saber que Dios no quiere “atrapar” a nadie. Si quisiera hacerlo, ¡ya nos habría atrapado a todos! Es cierto que, a menudo, llegan calamidades cuando la gente cae en pecado, pero Dios no es quien las provoca. Estas ocurren porque, cuando alguien cae en pecado, abandona Su protección y se adentra en la maldición que el diablo sigue trayendo al mundo.

Medita en la misericordia de Dios

La segunda manera de cultivar tu fe en el amor de Dios es meditar en él. Siéntate con tu Biblia. Busca pasajes sobre el amor, la misericordia y la compasión de Dios. Luego, al leerlos, pregúntate: ¿Cómo cambian mi vida estas verdades? ¿Qué significan para mí?

David, el salmista y rey del Antiguo Testamento, es un excelente ejemplo de lo que ese tipo de meditación puede hacer por ti. Meditó tanto en el amor y la misericordia de Dios que tenía plena confianza en ellos. Fue la confianza de David en el amoroso cuidado de Dios lo que lo inspiró a escribir el Salmo 23, que comienza con las palabras: «El SEÑOR es mi pastor;
nada me faltará».

¡David sabía que Dios lo amaba! No cabe duda.

“Bueno, es porque era el rey David”, podrías decir, “¡uno de los hombres más grandiosos del Antiguo Testamento!”

También fue un hombre que cometió algunos de los pecados más escandalosos que te puedas imaginar. Espiritualmente, hizo algunas de las cosas más insensatas que un hombre pueda hacer. Sin embargo, debido a que David meditaba y confiaba en la misericordia de Dios, sabía cómo entregarse a esa misericordia. David sabía cómo presentarse ante Dios con tanta confianza en Su amor, que Dios finalmente lo llamó un hombre según Su propio corazón.

Es posible que en este instante no sientas que Dios te ama en absoluto. Pero, si sigues meditando en lo que dice La PALABRA acerca de Su Amor, con el tiempo la realidad de ello prevalecerá sobre tus sentimientos.

Compórtate como si creyeras

El tercer paso que puedes dar para cultivar tu fe en el Amor de Dios es actuar según La PALABRA.

Empieza a comportarte a propósito como si Dios te amara. Levántate por la mañana y trata a Dios como a tu amigo. No cambies el tono cuando empieces a hablar con Él. No cambies a una postura religiosa. Solo sé honesto y directo con Él.

Quizás te resulte difícil al principio porque la religión nos ha enseñado a ser falsos. Nos ha dado la impresión de que Dios es un dictador divino al que hay que engañar para que nos BENDIGA.

Deshazte de ideas religiosas tan tontas como esa. Dios es tu papá, no tu dictador. No tiene sentido tratar de engañarlo. Él sabe la verdad, se la digas o no.

Es más, no hay nada que puedas decirle que lo escandalice.

Recuerda, Jesús ha vivido en esta tierra. El Espíritu de Dios está aquí. Él está al tanto de toda la suciedad y corrupción presentes. Así que, no hay razón para que cambies tu personalidad cuando le hables e intentes convencerlo de que eres más “espiritual” de lo que realmente eres. Él estaba ahí cuando instantes atrás hablabas de otra manera. Más vale que seas sincero.

Tampoco necesitas quejarte cuando hablas con Él. ¿Te acuerdas cuando tus hijos atravesaron la etapa de las quejas? Yo sí. Cuando mi hija Kellie tenía unos 3 años, se quejaba todo el tiempo. Finalmente, una noche estábamos sentados cenando y ya no podía aguantarlo más.

“¡Kellie!”, le dije, “¡Deja de quejarte! Soy tu papá. Te amo. No tienes que tenerme miedo. Quiero que me hables, pero, si no puedes hacerlo sin quejarte, ¡entonces no me hables para nada!”

Al terminar mi frase, el Espíritu de Dios habló dentro de mí y me dijo: Kenneth, te agradecería que hicieras lo mismo conmigo.

Dios no quiere que nos acerquemos a Él acobardados y quejumbrosos. Ese tipo de comportamiento proviene de una “mentalidad de indignidad”—y de las tradiciones de los hombres, que nos dicen que no merecemos estar en la presencia de Dios porque solo somos viejos pecadores salvos por gracia.

Deshazte de esas ideas. Eras un viejo pecador, pero ya no lo eres. ¡Por la sangre de Jesús y el poder del Espíritu Santo, has sido hecho la justicia de Dios! Has nacido en esta familia real. Dios Todopoderoso es tu Padre y Jesús de Nazaret es tu Hermano.

¡Tu lugar es la sala del trono de Dios! No porque te lo hayas ganado o lo merezcas, ¡sino porque tu Padre así lo estableció!

Así que empieza a actuar como tal. Empieza a hablar como tal. Empieza a comportarte como si Dios te amara… ¡porque Él te ama!

Vive el estilo de vida del amor

El cuarto paso para cultivar la fe en el amor de Dios es tomar la decisión de amar a los demás. Comprométete a actuar con amor, no solo cuando te convenga, sino todo el tiempo.

Si no estás seguro de cómo actúa el Amor, invierte tiempo para estudiar 1 Corintios 13. Ese capítulo nos ofrece la descripción más bella y concisa del amor que puedas encontrar.

¿Cómo nos ayudará amar a los demás cuando se trate de creer en el amor de Dios por nosotros? Nos dará munición adicional contra el diablo. Cuando él venga a decirnos que realmente no podemos acercarnos a la presencia de Dios, cuando intente hacernos dudar de que el Espíritu Santo de Dios realmente mora en nosotros, si hemos estado andando en el amor, podemos callar al diablo rápidamente.

El apóstol Juan lo expresó en estas palabras:

Hijitos, no amemos [solo] en teoría o de palabra, sino en obra y en verdad (en la práctica y con sinceridad). Así sabremos (percibiremos, reconoceremos y entenderemos) que somos de la Verdad, y podremos tranquilizar (calmar, conciliar y apaciguar) nuestros corazones en la presencia [de Dios] (1 Juan 3:18-19, Biblia Amplificada, Edición Clásica, AMPC).

Quizás en el pasado no hayas actuado con mucho amor hacia los demás. Sin embargo, no permitas que eso te afecte. Solo arrepiéntete y sigue adelante. Ahora puedes amar a los demás, porque sabes que eres amado.

Sabes que Dios te ama con un amor que todo lo perdona, sin fin, lleno de BENDICIONES y que nunca falla. Sabes que Él te ama tanto como ama a Jesse Duplantis. Te ama tanto como ama a Gloria y a mí. Incluso, te ama tanto como ama a Jesús.

Así que deja de enfocarte en tus sentimientos y empieza a regocijarte en la verdad. Cree en el amor que Dios tiene por ti y los beneficios no tardarán en llegar. Pronto te encontrarás riendo, amando y disfrutando de la vida al máximo. Te sorprenderás diciendo cosas como: “¡Aleluya! Dios me ama. ¡No puede evitarlo!” V

© 1997 - 2026 Asociación Ministerios Kenneth Copeland, también conocida como Ministerios Kenneth Copeland Latinoamérica. Todos los derechos reservados.
Más opciones para compartir...