Abre la puerta
Contrariamente lo que creen muchas personas bienintencionadas, no todo lo que pasa en el mundo es la voluntad de Dios. Cuando ocurre una tragedia en la vida de alguien, no es porque Dios tenga algún propósito misterioso para ello. Cuando les suceden cosas malas a las personas buenas, como dice el refrán, Dios no es el responsable.
Él no les niega la sanidad a las personas porque es su voluntad que mueran.
Él no les niega la prosperidad a las personas porque es su voluntad que sean pobres.
Él no les niega la salvación a las personas porque es su voluntad que se pierdan.
No, la Biblia es demasiado clara: La voluntad de Dios es que «todos los hombres sean salvos» (1 Timoteo 2:4). La Palabra salvos es traducida de la palabra griega sozo, que se refiere a la liberación de cualquier clase de mal—tanto temporal como eterno. Esto nos revela que la voluntad de Dios es que toda la gente donde sea que se encuentre nazca de nuevo, esté protegida, prospere y sea BENDECIDA en cada área.
Entonces, ¿por qué no todos experimentan esas bendiciones?
Porque Dios no se entromete en la vida de las personas con furia y toma el control. Él no se mete en tu vida y hace lo que se le antoja. Por el contrario, eso es lo que el diablo hace.
El diablo anda como un león rugiente, buscando a quien devorar. Es un ladrón que entra sin invitación a robar, matar y destruir. Si no mantienes la guardia y lo resistes, a pesar de ser cristiano, el diablo se abrirá camino en tu vida y llevará a cabo su voluntad maligna.
Dios, por otro lado, nunca te impondrá Su voluntad. Para que Él haga lo que quiere en algún área de tu vida, debes darle espacio.
¿Cómo le das ese lugar?
Creyendo lo que dice en Su Palabra, recibiendo por medio de la fe, ¡y rehusándote a creer y decir lo contrario!
La fe es como una puerta o una ventana al ámbito espiritual. Le proporciona a Dios una entrada para que cambie las circunstancias de manera sobrenatural en tu vida. Interconecta el ámbito espiritual y el ámbito natural, para que Dios pueda hacer Su voluntad aquí en la Tierra de la misma manera que en el cielo.
Sé que esto suena algo descabellado para ser cierto, pero después de estudiar y aprender a caminar por fe durante más de 60 años, Ken y yo podemos testificar de nuestra experiencia: Los creyentes realmente podemos disfrutar “los días de los cielos sobre la tierra.» (Deuteronomio 11:21). Aun en medio de la oscuridad y el peligro del mundo, y los problemas que nos rodeen, si mantenemos un espíritu de fe, podemos salir victoriosos en toda situación.
“Pero Gloria, no sabes la clase de problemas que tengo”, podrías decirme. “¡Son muy graves! Solo un milagro podría cambiarlos.”
Pues bien, entonces recibe un milagro. Atrévete a creer que «para Dios todo es posible.» (Mateo 19:26) y que «para quien cree, todo es posible.» (Marcos 9:23). Ábrele la puerta al poder sobrenatural de Dios para que obre a tu favor, manteniéndote firme en Su Palabra en fe.
¡La fe es la llave de acceso a todo lo que existe en el reino de Dios! De acuerdo con las escrituras:
«Por quien tenemos también, por la fe, acceso a esta gracia en la cual estamos firmes.» (Romanos 5:2)
«Y ésta es la victoria que ha vencido al mundo: nuestra fe.» (1 Juan 5:4)
«El justo vivirá por la fe» (Gálatas 3:11, Nueva Versión Internacional)
«Tengan fe en Dios. Porque de cierto les digo que cualquiera que diga a este monte: “¡Quítate de ahí y échate en el mar!”, su orden se cumplirá, siempre y cuando no dude en su corazón, sino que crea que se cumplirá.» (Marcos 11:22-23).
El plan de dominio de Dios
Mira nuevamente ese último versículo. Dice algo acerca de la fe que muchos cristianos no entienden. Para que la fe funcione como está diseñada, debes colocarla en dos lugares. Debes tenerla en tu corazón… y en tu boca.
No puedes únicamente ponerte de acuerdo con Dios en tu interior. No puedes contentarte con tener aquello a lo que las personas religiosas se refieren como “una fe silenciosa”. Para que la voluntad de Dios se manifieste en tu vida, deberás declararla. Debes decir acerca de ti lo que Dios dice. Tienes que seguir el ejemplo del apóstol Pablo que escribió: «Pero en ese mismo espíritu de fe, y de acuerdo con lo que está escrito: «Creí, y por lo tanto hablé», nosotros también creemos, y por lo tanto también hablamos» (2 Corintios 4:13).
Creer y declarar es el plan de dominio de Dios. Es como Él nos enseña a actuar porque es de la manera que Él mismo actúa. Él crea y cambia las circunstancias llamando «las cosas que no existen, como si existieran.» (Romanos 4:17)
Podrás verlo a lo largo de toda la Biblia. Por ejemplo, en la primera página donde se narra la creación. ¿Qué hizo Dios cuando vio el cosmos y vio que la Tierra estaba sin forma y que la oscuridad estaba sobre la faz de la Tierra? Él declaró palabras de fe. Él no solamente se sentó en silencio deseando que las cosas fueran diferentes. Él no habló de lo que veía en lo natural y dijo: “En verdad está oscuro aquí.” Eso no hubiera producido cambio alguno.
Él dijo: «¡Que haya luz!». Y hubo luz.
Esa es la manera en la que todo el universo fue creado. Fue creado “por la fe” y “por medio de Su palabra” (Hebreos 11:3). Génesis 1 dice que esta Tierra y todo lo que contiene está aquí porque, una y otra vez, Dios dijo… Dios vio… y era bueno.
Jesús usó el mismo método durante Su ministerio terrenal. Él le dijo a la hija de Jairo (Marcos 5:41), «A ti, niña, te digo: ¡levántate!» y ella se levantó de la muerte. Él le dijo a la tormenta en el mar de Galilea: «¡Silencio! ¡A callar!» Y el viento se calmó, y todo quedó en completa calma.» (Marcos 4:39). Él declaró la BENDICIÓN sobre los 5 panes y los dos peces y estos se multiplicaron hasta que alimentaron a miles de personas.
Una y otra vez, tal como Dios, Jesús dijo… vio… y era bueno.
Como creyente, puedes aplicar el mismo principio a tu propia vida. Al fin y al cabo, eres una nueva criatura en Cristo Jesús. Te ha sido dada autoridad en Su Nombre. Tienes el poder y el Espíritu Santo en tu interior. ¡Por lo tanto, si te pones de acuerdo con Él y dices lo que Él dice sobre tu vida, lo verás suceder y será bueno!
Romanos 4 lo llama «[seguir] las pisadas de la fe que tuvo nuestro padre Abraham.» (versículo 14). Probablemente hayas oído hablar de él. Dios le dijo cuando ya era viejo que Sara, su esposa estéril, tendría un bebé. No solamente Abraham tenía 99 años: Sara tenía 90 y nunca había podido concebir un bebé, ni siquiera de joven.
Aun así, Abraham le creyó a Dios y comenzó a decir acerca de sí mismo lo que Dios ya había dicho. Él no se enfocó en sus circunstancias y dejó de declarar la Palabra de Dios como si no tuviera sentido alguno. Él mantuvo la fe en su corazón y en su boca como Dios le había dicho. Comenzó a utilizar el nombre que Dios le había dado: El padre de muchas naciones.
En poco tiempo, ocurrió lo sobrenatural: Abraham y Sara tuvieron un niño… ¡Isaac!
Lo sobrenatural también puede manifestarse en tu vida. Posiblemente no tengas un bebé sobrenaturalmente porque quizás no sea eso lo que estés creyendo. Pero, si crees y confiesas la Palabra de Dios como lo hizo Abraham, puedes tomar cualquier situación negativa que estés enfrentado y cambiarla. Puede pasar de la derrota a la victoria… de la enfermedad a la salud… de la pobreza a la prosperidad.
¿Por qué? Porque la Palabra de Dios siempre funciona. Cuando la mantienes en tu corazón y la declaras con tu boca, siempre se manifiesta. Por esa razón Jesús pudo decir en Juan 15:7: «Si permanecen en mí, y mis palabras permanecen en ustedes, pidan todo lo que quieran, y se les concederá».
Tendrás lo que declares
Antes de que Ken y yo aprendiéramos esta verdad, a pesar de que ya habíamos nacido de nuevo, experimentábamos muy pocas victorias en nuestra vida. Éramos salvos y llenos del Espíritu Santo desde hacía cinco años, mas todavía estábamos en una situación lamentable. Sin embargo, cuando descubrimos cómo funcionaba la fe, comenzamos a hacer cambios. Nos sumergimos en la Palabra de Dios, dejamos de hablar acerca de lo mal que lucían las cosas en lo natural, y comenzamos a declarar lo que Dios decía en la Biblia acerca de nosotros y nuestras circunstancias.
No fue fácil, especialmente al comienzo, así que nos pusimos de acuerdo en responsabilizarnos mutuamente. Si uno de nosotros decía algo contrario a lo que la Palabra decía, el otro se lo informaba. “Si esa es tu confesión”, nos decíamos, “creo cada una de las palabras que has dicho”.
Ya que Ken era el que más hablaba en esa época, yo tenía que corregirlo más que él a mí. Sin embargo, ambos tropezábamos algunas veces y decíamos cosas que no queríamos que pasaran. Cuando lo hacíamos, nos arrepentíamos de inmediato y volvíamos a las palabras de fe.
En esos días, uno de nuestros problemas más grandes era el área financiera. Enfrentábamos una montaña de deudas y teníamos muy pocos ingresos, así que esa fue la primera área que atacamos. Hicimos una lista de escrituras acerca de la voluntad de Dios para nuestra prosperidad, las leíamos diligentemente y las confesábamos. Dejamos de decir cosas como: “No podemos pagar estas cuentas” y comenzamos a decir cosas como: “Mi Dios suple a todas mis necesidades de acuerdo con Sus riquezas en Cristo Jesús”.
Efectivamente, esas palabras se hicieron realidad no mucho después. ¡La voluntad de Dios se manifestó en nuestra vida y, en menos de un año, lo que parecía como una montaña imposible de deudas, simplemente desapareció! Empezamos a prosperar, y ha continuado desde entonces.
“Pero mi situación es diferente”, podrías decirme. “No tengo un cónyuge cristiano como tú, y no quiero hablar de fe en frente de los incrédulos. Van a pensar que estoy loco(a).”
Entonces haz tus confesiones de fe al Señor. Declara la Palabra de Dios para ti mismo cuando nadie más esté contigo, o habla con las personas de tu iglesia. Solamente asegúrate que, si decides no hacer declaraciones de fe delante de las personas que no lo entienden, que no termines uniéndote a ellos cuando empiecen a hablar con incredulidad. Incluso si solamente te unes a la conversación para ser sociable, hablar palabras de incredulidad obstaculizará el funcionamiento de tu fe.
El Señor le habló acerca de esto a un pastor amigo hace ya varios años, después de que comprometiera su confesión en una conversación casual con otro hombre en el supermercado. El hombre estaba en la fila de la caja y acababa de pagar el mercado con lo que le quedaba en la billetera; se había dado la vuelta y había dicho con una risita: “¡El dinero se va!”
Solamente para ser cordial, el pastor se rio y respondió: “Sí, es cierto. El dinero se va.” Después, el Señor lo corrigió. Cómo te atreves a decir: “El dinero se va”, le dijo. Lo que deberías estar diciendo es: “Dinero, ¡ven!”
¿Por qué será que Dios lo corrigió, y le indicó decir “Dinero, ¡ven!”?
Porque eso concuerda con la Palabra.
En Proverbios 10:22 (RVA-2015) leemos: «La bendición del SEÑOR es la que enriquece
y no añade tristeza con ella». El Salmo 112:3 dice acerca del hombre justo que: «Su casa rebosará de bienestar y de riquezas». Segunda Corintios 8:9 dice que Jesucristo: «Siendo rico se hizo pobre, para que con su pobreza ustedes fueran enriquecidos».
A lo largo de la Biblia, Dios nos dice que quiere que Su pueblo prospere e incremente. En escritura tras escritura, Él nos dice que Su voluntad es que el dinero llegue a nosotros. Así que eso es lo que nosotros también debemos decir. Debemos actuar conforme el plan de dominio de Dios. ¡Debemos pronunciar palabras de fe que le abran la puerta para que Él lleve a cabo Su buena voluntad en nuestra vida!
Jesús le habló personalmente acerca de esto al hermano Kenneth E. Hagin hace ya muchos años. Señalándole que en Marcos 11:23 Él usó la palabra cree solamente una vez y la palabra decir/diga tres veces, le dijo al hermano Hagin: Predicarás tres veces más acerca de decir de lo que predicarás acerca de creer, porque la parte de decir o declarar es la parte principal en la que Mi pueblo está fallando.
Jesús dijo algo similar cuando estaba hablando con el hermano Charles Capps acerca de este tema. Te dije que puedes tener lo que dices, le dijo, sin embargo, Mi pueblo está diciendo aquello que ya tiene.
Este es el punto más importante. Si tienes un problema y dices lo que ya tienes, estás perpetuando el problema. Si andas diciendo: “No tengo dinero suficiente para pagar mis cuentas, no me alcanza”, entonces estás estableciendo esas condiciones en tu vida.
¡No comentas semejante error! Sigue el plan de dominio de Dios. Llena tu corazón con Su Palabra y declara lo que Él dice.
Si lo haces, no importa cuán mal las cosas luzcan en lo natural, estarás en camino a tu victoria. Estarás llamando las cosas que no son como si fueran, y al operar como tu Padre celestial, obtendrás Sus resultados.
¡Lo dirás… lo verás… y será bueno! V
- Consejos prácticos: Abre la puerta
La fe es como una puerta en el reino del espíritu que abre el camino para que la voluntad de Dios se haga en la tierra como en el cielo. A continuación, te presento unos consejos prácticos que te ayudarán:
- La voluntad de Dios es que todo el mundo sea liberado (o salvado) de toda clase de maldad, temporal y eterna. (1 Timoteo 2:4)
- Él desea que Su voluntad para ti se haga en la Tierra de la misma manera que en el cielo. (Deuteronomio 11:21)
- La fe le abre la Puerta a Su poder para que vaya y obre haciendo lo imposible en tu vida. (Marcos 9:23)
- Para que la fe obre de la manera en que está diseñada, debes colocarla en dos partes: en tu corazón y en tu boca. (2 Corintios 4:13)
- Creer y declarar es el plan de Dios para dominar; así es como Él actúa y también es como nosotros debemos actuar. (Marcos 11:23)