Acércate a Dios
¿Alguna vez has deseado tener un amigo fuerte y comprensivo que te ayudara, alguien que uniera su fuerza a la tuya y compensara tus debilidades? Bueno, te tengo buenas noticias. Dios es ese amigo. Él tiene la fuerza que necesitas y está buscando una oportunidad para participar a diario en tu vida.
La Biblia dice: «Los ojos del Señor están contemplando toda la tierra, para mostrar su poder a favor de los que mantienen hacia él un corazón perfecto» (2 Crónicas 16:9). La palabra traducida como “perfecto” no significa “sin defectos”. Simplemente significa: “fiel, leal, dedicado y devoto”.
Dios está tan deseoso de encontrar a esa persona a quien pueda mostrarse poderoso, que pasará por alto a un millón de personas para encontrar a aquella que le sea leal. Él escudriña la tierra en busca de una persona que lo ponga en primer lugar y le permita ser Dios en su vida.
Durante cuatro mil años, la humanidad estuvo alejada de la presencia de Dios por el pecado. Pero, cuando Jesús fue a la cruz, todo eso cambió. El sacrificio de Jesús restauró la relación que se había perdido entre Dios y nosotros. Ahora, como creyentes nacidos de nuevo, “tenemos plena libertad y confianza para entrar en el lugar [Santo de los Santos] Santísimo [por el poder y la virtud] de la sangre de Jesús” (Hebreos 10:19, Biblia Amplificada, Edición Clásica, AMPC). En otras palabras, Dios nos ha abierto de par en par la puerta de la comunión.
Piensa en lo que eso significa. El Creador y Gobernante de todo el universo se ha puesto a tu disposición para reunirse personalmente contigo todos los días. Puedes comunicarte con Él en cualquier momento del día o de la noche.
“Estoy aquí para ti”, te dice. “Solo acércate a Mí y yo me acercaré a ti. Te daré la sabiduría que necesitas. Te fortaleceré, te equiparé y te ayudaré en todas las áreas de tu vida.”
Aunque Él tiene la solución para cada problema, no te perseguirá para llamar tu atención y compartirte esas soluciones. Al contrario, Él esperará a que tú hagas tu parte. ¿Cuál? Deberás acercarte a Él. Si lo haces, Él se acercará a ti en respuesta. Nos dio Su Palabra al respecto (Santiago 4:8).
En el momento en que te vuelvas a Él, Él estará ahí para ti. Pero, no esperes a que lleguen los momentos difíciles para volverte a Él. Desarrolla un estilo de vida de contacto viviente.
Establecer una relación viva con Dios es simplemente tener comunión con Él. Es hablar con Él y escucharle. Es dejar a un lado las distracciones y las exigencias de la vida y dedicar tiempo a comunicarte con Él en Su Palabra y en la oración. Es tener comunión con el Señor a diario cuando las cosas van bien, para que, cuando lleguen los problemas, seas espiritualmente fuerte para superarlos.
Jesús dijo que en el mundo tendremos tribulación (Juan 16:33). No importa quiénes seamos, cuán ricos o cultos seamos, ni siquiera cuánta fe tengamos. En esta vida enfrentaremos pruebas y tribulaciones. La diferencia es que, cuando un hijo de Dios que cree en la Biblia y está lleno del Espíritu enfrenta problemas, no los enfrenta solo.
Dios dice: «Estaré con él en la angustia; lo libraré y lo honraré» (Salmo 91:15). Eso es importante. En tiempos de dificultad, quien está contigo marca una gran diferencia. Si tu única ayuda es tu fuerza y tus recursos naturales, es posible que salgas bien de esa dificultad… o no. Pero si Dios está contigo, con seguridad saldrás bien.
Jesús, nuestro Campeón y Salvador, dijo: «Yo he vencido al mundo». Cuando permanecemos en unión vital con Él, podemos tener la victoria en los momentos de dificultad.
Permanece en la vid
Entonces, ¿qué significa tener una conexión viva con Dios? Jesús explicó la realidad y la importancia de nuestra relación con Él cuando dijo: «Permanezcan en mí… Yo soy la vid y ustedes los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí ustedes nada pueden hacer» (Juan 15:4-5).
Cuando Jesús dijo: «Permanezcan en mí», no estaba diciendo: “Vivan en comunión conmigo un día y al siguiente vivan en el mundo”. No se estaba refiriendo a un acuerdo esporádico o temporal. La palabra “permanecer” se refiere al lugar donde “permaneces y moras continuamente”. Jesús nos estaba enseñando a hacer de ese lugar de dependencia y comunión con Él nuestro hogar permanente, porque allí es donde damos fruto.
Mantener una conexión viva con Dios nos proporciona el poder que nos permite aferrarnos a todo lo que Él nos ha proporcionado a través de Jesús. Podríamos conocer todas las escrituras correctas, pero, si no permanecemos en unión con Dios, ¡no seremos espiritualmente fuertes para seguir Su ejemplo!
Es sorprendente cuántos cristianos no lo comprenden. Se apresuran a intentar hacer las cosas en sus propias fuerzas. Pero, como no mantienen una relación íntima con Dios, terminan cansados, frustrados y derrotados.
La Biblia muestra claramente que no debemos confiar en nuestras propias habilidades. Efesios 6:10 nos anima y nos dice: «Manténganse firmes en el Señor y en el poder de su fuerza». Y Filipenses 4:13 dice: «¡Todo lo puedo en Cristo que me fortalece!»
Uno de los mejores ejemplos de este proceso es la laminación de planchas de madera para darles resistencia. Así como las vigas de una casa se fortalecen al laminar varias capas de madera, tu fuerza definitiva proviene de vivir en comunión viva con Dios, permaneciendo en la Vid. Así ya no dependes solo de tu propia fuerza, porque ¡estás “laminado” al Dios Todopoderoso!
Mantén la unión
Primera de Corintios 6:17 dice: “El que se une al Señor se transforma en un espíritu con Él” (AMPC). La palabra “une” en ese versículo significa “laminado”. Se refiere a algo pegado con una fuerza tal, que se convierte en una sola sustancia.
A medida que comenzamos a pasar tiempo con el Señor, comenzamos a pensar como Él piensa. Comenzamos a actuar como Él actúa. Comenzamos a escuchar del cielo momento a momento para que podamos andar en la voluntad perfecta de Dios para nuestras vidas cada día.
Una vez que entendemos el poder divino que nos llega al permanecer en Jesús, es fácil ver que, si queremos vivir una vida de victoria, debemos ante todo mantener nuestra unión y comunión con Él. Sin duda, es nuestra máxima responsabilidad.
Si mantenemos esa unión, Él se encargará del resto.
Desgraciadamente, muchos cristianos hacen justo lo contrario. Están tan ocupados con otras cosas que no tienen tiempo para pasar con Dios. Dedican su vida a mantener sus casas y jardines, sus autos y trabajos. Incluso encuentran tiempo para mantener su pelo y las uñas. Sin embargo, descuidan el único ingrediente vital para su vida y bienestar; descuidan su unión con Dios.
A menudo ni siquiera se dan cuenta. Creen que, como aman al Señor y creen en Su Palabra, su unión con Él está intacta. Pero no es lo mismo.
Estar en unión significa estar unido a algo o a alguien. Es el acto o la instancia de unir dos o más cosas en una sola. Romanos 7:4 compara nuestra unión con Dios con el matrimonio. Dice que estamos casados con Él.
Nuestro objetivo es estar en sintonía tal con Él que, cuando nos diga que hagamos algo, podamos escucharlo y obedecerlo. Debemos ansiar tener una unión tal con Él que los deseos de nuestro corazón, los pensamientos de nuestra mente, las palabras de nuestra boca y cada una de nuestras acciones se conviertan en un reflejo de Aquel con quien estamos unidos.
Dios tiene el mismo deseo. Si Él quiere llevar a cabo Su voluntad en la tierra, necesita de personas que se unan a Él de esa manera.
Unión perfecta = Paz perfecta
¿Cómo mantienes tu mente fija en Dios? Prestándole atención. Poniendo Su Palabra en primer lugar a diario y centrándote en ella hasta que se convierta en lo más importante. La Biblia Viviente lo expresa de esta manera: “Puesto que has vuelto a la vida, por así decirlo, cuando Cristo resucitó de entre los muertos, ahora fija tu mirada en los ricos tesoros y alegrías del cielo, donde Él se sienta junto a Dios en el lugar de honor y poder. Deja que el cielo llene tus pensamientos.” (Colosenses 3:1-2).
Isaías 26:3 dice: “Tú [Dios] guardas en completa paz a quien siempre piensa en ti…” Si mantienes tu mente en el mundo y permaneces en unión con él, no tendrás paz alguna, porque el mundo no tiene paz. Si dedicas la mayor parte de tu tiempo y atención a los asuntos mundanos y al entretenimiento secular, tendrás una mentalidad carnal. La Biblia dice: «El que se deja controlar por su mentalidad humana tendrá muerte, pero el que deja que el Espíritu controle su mente tendrá vida y paz.» (Romanos 8:6, PDT).
En otras palabras, si piensas como piensa el mundo, recibirás los mismos resultados que el mundo. Por consiguiente, en lugar de disfrutar del poder de la sanidad de Dios, sufrirás las enfermedades del mundo. En lugar de aferrarte a la prosperidad celestial, ¡la depresión, la recesión y la pobreza del mundo se aferrarán a ti! No estarás lleno de buenas nuevas, sino de malas noticias.
“Bueno, Gloria”, podrías decir, “no podemos esconder la cabeza en la arena. Tenemos que afrontar la realidad.” No estoy sugiriéndote que enterremos la cabeza en la arena, ¡sino que la mantengamos en la Palabra! También te estoy sugiriendo que, a veces, las noticias no nos transmiten la realidad tal cual es.
Por ejemplo, hace varios años los medios de comunicación anunciaron que la economía de los Estados Unidos estaba en recesión. Hablaron al respecto durante casi año y medio. Terminó influenciando la realidad porque los medios de comunicación lo transmitían constantemente.
Más adelante se publicó un informe estadístico que revelaba que la recesión, en realidad, solo había durado unos pocos meses. Entonces, ¿por qué los medios de comunicación siguieron hablando de recesión? Porque no sabían que había terminado. Desinformados, siguieron anunciando: “¡Recesión! ¡Recesión!”, a pesar de que ya había terminado hacía más de un año.
Gracias a Dios, esa recesión nunca nos afectó. Cuando la noticia salió a la luz, el Señor le habló a Ken y le dijo: “Escríbele a tus Colaboradores y diles que no se unan a la recesión.” Así que obedecimos y no nos vimos afectados. Simplemente dejamos que pasara de largo.
Puede que te parezca extraño, pero, como ciudadanos del cielo, tú y yo podemos hacerlo. Si permanecemos en unión con Dios, nuestra dependencia no es de la economía global. Podemos estar conectados a la economía del cielo, y allí no hay recesión, depresión ni inflación. En la economía de Dios no hay escasez ni carencia de ningún tipo. Él es nuestro pastor; nada nos faltará (Salmo 23:1).
¡Ya estás conectado!
No importa cuán mal vaya el mundo. ¡No estás solo, sin un Salvador! Estás “conectado a Cristo, la Cabeza a la que todos los que somos Su cuerpo estamos unidos” (Colosenses 2:19, La Biblia Viviente). Cuando alguien tiene amigos en las altas esferas, a veces decimos: “Tiene conexiones.”
Pues bien, si mantienes una relación viva con Dios, ¡estás conectado! Te codeas con el gobernante y la autoridad suprema en existencia. Tienes una conexión con el Poder sobre todo poder, y debes ser consciente de ello.
Al hacerlo, la fe y el poder de Dios se levantarán dentro de ti para hacer frente a cualquier cosa que se te presente. Incluso si se trata del peor peligro, estarás preparado.
Una de nuestras colaboradoras demostró ese hecho en su vida hace unos años. Viajaba en autobús en una gran ciudad que visitaba, cuando algunos hombres a bordo del mismo autobús comenzaron a robarle a la gente, de persona a persona, quitándoles dinero, joyas y otros objetos de valor. Esta señora había mantenido su unión con el Señor, y estaba fuerte por dentro con un poder que fluía a través de ella. Cuando los ladrones llegaron a ella, en lugar de acobardarse por el miedo y entregar sus pertenencias, los miró directamente a los ojos y les dijo: “¡En el nombre de Jesús, quiten sus manos de mí!”
Cuando pronunció esas palabras de fe, los hombres se asustaron tanto, que no solo la dejaron en paz, ¡sino que salieron corriendo del autobús!
Puede que seas una mujer de 45 kilos o un hombre de 113 kilos. Tu estatura física es irrelevante. Cuando estás conectado con Jesús, eres invencible. Si mantienes una relación viviente con Él, hagas lo que hagas, vayas donde vayas, el poder de Dios estará a solo un suspiro de distancia.
Afrontémoslo, vivimos en una época en la que puedes necesitar ese poder en cualquier momento, porque nos rodea el peligro. Cuando ese peligro nos golpee, es posible que no tengamos tiempo de abrir la Biblia y buscar un versículo sobre la protección. Necesitamos tener la Palabra arraigada en nuestro corazón con tal profundidad que surja de nuestro interior incluso antes de que podamos pensar.
En tiempos de crisis, tu mente suele quedarse en blanco y por tu boca saldrá lo que haya en tu corazón. Si has estado en comunión con el mundo, saldrá el miedo. Pero, si has estado en comunión con Dios, la fe será tu primera respuesta.
Necesitas la capacidad de mantenerte fuerte y firme, tanto en tu vida cotidiana, como cuando surgen desafíos. Las buenas nuevas son que, cuando estás unido o “laminado” a Dios, esa conexión viviente marcará la diferencia. En lugar de depender de ti mismo, podrás decir con certeza: «¡Todo lo puedo en Cristo que me fortalece!» V