Dios ama al dador alegre
Lo que la Biblia dice sobre el corazón que da con gozo
Hay una frase en las Escrituras que cambia por completo la forma en que entendemos el dar. No habla de cifras. No habla de porcentajes. Habla del corazón.
«Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre».
2 Corintios 9:7 (RV1960)
Pablo escribe esto a una iglesia que estaba reuniendo una ofrenda, y lo primero que hace es quitarle toda presión al asunto. No con tristeza. No por obligación. Como cada quien lo haya propuesto en su corazón.
La palabra que se traduce como «alegre» en ese versículo es hilarón, la misma raíz de la que viene «hilarante». No describe una resignación piadosa ni un cumplimiento correcto. Describe una alegría que se desborda. Dios no está buscando dadores puntuales; está buscando dadores felices.
La alegría no es el requisito. Es la señal.
Es fácil leer ese versículo al revés y pensar que la alegría es una condición que hay que cumplir para que la ofrenda cuente. No lo es. La alegría es lo que ocurre cuando entiendes lo que está pasando de verdad.
Cuando das, no estás perdiendo algo. Estás participando en algo. Estás poniendo tu nombre dentro de una historia que va a seguir corriendo mucho después de que te olvides del gesto: alguien que va a escuchar la Palabra por primera vez, alguien que va a recibir oración en la peor semana de su vida, alguien que va a encontrar esperanza en un idioma que entiende.
Jesús lo dijo con una sencillez que no admite discusión:
«Más bienaventurado es dar que recibir».
Hechos 20:35 (RV1960)
No dice que dar sea más noble, ni más generoso, ni más admirable. Dice que es más bienaventurado: más dichoso, más feliz. La alegría no es el peaje del dador. Es su recompensa inmediata.
Qué clase de bendición acompaña al que da
La Biblia es directa en esto, y también es más amplia de lo que solemos recordar.
«El alma generosa será prosperada; y el que saturare, él también será saturado».
Proverbios 11:25 (RV1960)
Fíjate en el sujeto: el alma. No la cuenta bancaria únicamente. El alma. Porque la prosperidad que Dios promete nunca fue una categoría financiera aislada. Juan lo escribe así:
«Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas, y que tengas salud, así como prospera tu alma».
3 Juan 1:2 (RV1960)
Tres dimensiones en un solo versículo: el espíritu, el cuerpo y las circunstancias. Dios no bendice tu vida por partes. La bendición del dador alegre se siente en la paz con la que se levanta, en la salud que cuida, en la provisión que le alcanza y en la libertad de un corazón que ya no vive apretado.
Y hay una promesa más, que es quizá la más generosa de todas:
«Y poderoso es Dios para hacer que abunde en vosotros toda gracia, a fin de que, teniendo siempre en todas las cosas todo lo suficiente, abundéis para toda buena obra».
2 Corintios 9:8 (RV1960)
Dios provee lo suficiente, sí. Pero mira para qué: para que abundes otra vez en buena obra. Así funciona esto. La bendición del dador no termina en el dador. Lo vuelve a poner en posición de bendecir.
Una medida que tú eliges
«Dad, y se os dará; medida buena, apretada, remecida y rebosando darán en vuestro regazo; porque con la misma medida con que medís, os volverán a medir».
Lucas 6:38 (RV1960)
Cuatro palabras para describir cómo devuelve Dios: buena, apretada, remecida, rebosando. Es la imagen de un mercader llenando un costal de grano, sacudiéndolo para que se asiente y siguiendo hasta que se derrama por los bordes. Nadie da así por obligación. Se da así por alegría.
Gracias por ser parte
Si estás leyendo esto, es porque acabas de dar. Y queremos que sepas algo antes de cerrar:
Creemos que vale la pena que sepas lo que la Palabra dice sobre lo que acabas de hacer. No fue un trámite. Fue una siembra hecha con alegría, y Dios se toma esas cosas en serio.
Que Él te devuelva medida buena, apretada, remecida y rebosando. En tu espíritu, en tu salud y en tu casa.